El sur de abril

Poblado de Cocodrilo, donde descendientes de caimaneros, jamaiquinos y haitianos mantienen sus tradicionesLa vuelta de las golondrinas anuncia la llegada de la primavera, colmada de flores hermosas, días extensos, atardeceres lejanos, lluvia y sol. Y con ella abril glorioso, histórico y tierno irrumpe nuestro día a día.

Más que la intrepidez fue el afán de celebrar el 50 cumpleaños de la organización juvenil de manera diferente, lo que motivó a los integrantes de la UJC de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba llegar hasta la costa sur de Isla de la Juventud

Poblado de Cocodrilo, donde descendientes de caimaneros, jamaiquinos y haitianos mantienen sus tradiciones

Fotos: Gerardo Mayet Cruz

La vuelta de las golondrinas anuncia la llegada de la primavera, colmada de flores hermosas, días extensos, atardeceres lejanos, lluvia y sol. Y con ella abril glorioso, histórico y tierno irrumpe nuestro día a día.

Ese abril que vio nacer a los pioneros, a los jóvenes, que proclamó el Socialismo y se agigantó con la derrota del enemigo. Pero este cuarto mes del año no fue menos y lo compartimos nosotros, los de ahora, los comprometidos, los que vamos por más.

El amanecer fue testigo del largo y complejo viaje hacia la costa sur de la ínsula, donde descendientes de caimaneros, jamaiquinos y haitianos mantienen sus tradiciones; la naturaleza virgen atrapó a los integrantes de la UJC de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba en el territorio. A unos por vez primera, a otros los volvió a cautivar.

Integrantes del comité de base de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba en el Municipio

La estancia no pudo ser mejor. Pasar el día y festejar el aniversario 50 de la Unión de Jóvenes Comunistas en uno de los poblados más apartados de la geografía pinera, es siempre un privilegio. El aire fresco, una fauna inusual, las aguas frías y cristalinas, atrapan a moradores y foráneos.

Compartir con los niños, sus laboriosos pescadores y trabajadores forestales fue como una bocanada de aliento y una lección de cómo desafían la distancia y su entorno rural, hoy floreciente de nuevos y modernos servicios que puso nostálgicos a los muchachos que meses atrás dedicaron días y noches a levantar la nueva torre e instalar las redes para la telefonía que ya beneficia a la mayoría de los hogares.

Por eso la partida no fue triste, sobre todo cuando se siembran satisfacciones en el corazón de la gente humilde. Valió la pena recorrer alrededor del centenar de kilómetros.

El faro de Carapachibey, el mayor de Latinoamérica, sirve de guía a embarcaciones que navegan por el sur del mar Caribe

Pero apenas emprendíamos el regreso, el afán de aventura sobrepuso al cansancio y acordamos no dejar de entrar a la caleta, donde una mole de concreto y acero asciende, desde el diente de perro hasta más de 60 metros de luz y esplendoroso paisaje, desafiando el efecto corrosivo del salitre e intensos huracanes. Majestuoso, erguido, fuerte, sirve de guía a embarcaciones que navegan por el sur del mar Caribe e invita a disputar su altura.

Así es el faro de Carapachibey, cuyo nombre evoca alguna lengua indígena. Pequeños parecían los trabajadores que mantienen cada noche sus destellos, pero pronto comprendí que tan alto como la torre son los obreros de Geocuba.

Subir los 290 escalones de aquel pasadizo cilíndrico fue como iniciar una ruta al cielo del mayor faro de Latinoamérica. Nuestros pies descalzos se asustaron, fueron testigos de cierto temor y nuestros ojos, sin embargo, divisaron una sorprendente vista, un hermoso mar tan azulado como peligroso, frecuentado por naves de diversos continentes.

La vegetación y las aguas frías y cristalinas, atrapan a moradores y foráneos

Y abandonamos la inmensa ciénaga, seguros de que esta no será la última vez que abril nos convide al sur, para seguir escalando los peldaños de la historia y de la vanguardia juvenil.

 

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