El sprint de los uniformes

La fabricación de los uniformes escolares está al 97 % y la comercialización ya se inició en todas las provincias del país.

Autor: Yudy Castro Morales | yudy@granma.cu

11 de agosto de 2019 23:08:37

Taller textil Ana Betancourth, Aguacate Municipio Madruga, Mayabeque, confeccion de Uniformes escolares
Janna y Zeida forman parte de las más de 6 000 costureras que pusieron en sus manos la garantía de los uniformes. Foto: José Manuel Correa

A Victoria, como a casi todos los niños de su edad, si algo le llama la atención es poder estrenar su uniforme el primer día de clases. Ella comienza prescolar y a su mamá, pese a los contratiempos de esta etapa, no le fue difícil comprarlo.

Para Sonia, sin embargo, «la situación ha sido más complicada» porque su hijo, ya casi a las puertas de séptimo grado, todavía no tiene el uniforme. Ya pasó por la tienda que le toca; pero la venta no había comenzado.

Historias similares se repiten hoy por todo el país. Algunos hablan de extensas colas, a pesar de los horarios extendidos; otros ni siquiera conocen los horarios, ni que el expendio es por etapas, y ya andan haciendo colas de más.

No obstante, la certeza de contar con el 97 % de los uniformes confeccionados y de haber iniciado la comercialización, al menos de la primera etapa, en todas las provincias de la Isla debe calmar un poco la ansiedad de padres y alumnos, acostumbrados a lucir uniformes nuevos cada septiembre.

LA INDUSTRIA Y EL ESFUERZO DE TODOS

Luego de 31 años pegada a las máquinas de coser, Juana María Martínez, administradora del taller Ana Betancourt, uno de los 87 que en toda Cuba se volcó a la fabricación de uniformes, no recuerda un periodo tan complejo como este.

Normalmente la «campaña de escolares» comienza en septiembre y se extiende hasta mayo. Pero esta vez fue en esa última fecha cuando empezaron a arribar las materias primas y se ha llevado adelante la producción en tiempo récord.

La unidad empresarial de base (UEB) Confecciones Tropicales, de Mayabeque, a la cual se subordina este centro, además de las entregas pactadas con las provincias Artemisa y Mayabeque, que son las habituales, ha confeccionado uniformes para Granma, Camagüey y Ciego de Ávila, «porque ya no se trata de un plan individual, sino de un compromiso de país con el que hay que cumplir», subraya su director, Ernobel Collado Vázquez.

De hecho, la industria, o sea, la Empresa Confecciones Textiles Boga, integrada por 15 UEB, se ha propuesto cerrar la producción el 20 de agosto, fecha que podría adelantarse si tenemos en cuenta que faltan apenas unas 86 000 prendas para concluir el empeño.

Solo que cuando se habla de números, por bien cuadradas que estén todas las cuentas, siempre hay algo de frío en ello, siempre queda fuera, por la imposibilidad de llevarlo a cifras, el esfuerzo de los más de 6 000 trabajadores directos a la producción, fundamentalmente costureras, que han puesto en sus manos la garantía de los uniformes.

Si me pidieran que eligiera una UEB o un taller más destacado no podría, asegura Luisa Álvarez Dorta, especialista principal de Producción de la Empresa Boga.

«Resaltaría la entrega de todas y todos, el esfuerzo extraordinario de las mujeres que han laborado, incluso, con sus niños, la disposición de aplazar sus vacaciones, la voluntad de renunciar a fines de semana, días feriados… El 26 de Julio se hicieron en el país alrededor de 60 000 prendas».

De ese grupo de costureras, que quizás hoy esté dando pedal, forman parte Adela Martha, Yainet, Julia… del taller Ana Betancourt.

«Aquí hemos sido hasta mecánicas», coinciden. «Cuando ha existido algún atraso lo hemos recuperado en horas extras, a pesar de roturas o apagones, y hasta el Consejo de Dirección se ha puesto a coser».

***
Zeida Pena Contreras tiene 43 años y desde hace ocho trabaja en el taller. «Toda mi familia es universitaria», me cuenta casi con pena; «pero yo no quise estudiar».

«Me dediqué a mi familia y a la casa, y ya después fue tarde. Coser me había gustado siempre, por eso empecé mi vida como trabajadora en este taller».

«Y no se lo digas a nadie, pero estoy tan contenta. Yo sé que en estos días he sido importante, quién sabe para cuántas familias, para mis sobrinos… En estos días he sabido apreciar el trabajo de una costurera. Y sabes, estoy orgullosa».

Y le creo, porque no hay orgullo más sano que saberse útil.

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A Janna Cabreras, como a muchas, la trajo a Cuba el amor. Salió de Bielorrusia en 1989 y desde entonces trabaja como costurera en el taller de Aguacate, en el municipio de Madruga, de Mayabeque.

Todavía su acento la descubre, aunque ya ha hecho suyas casi todas las costumbres cubanas.

En 2018, Janna fue la trabajadora más destacada del taller. Dicen sus jefes que siempre llega temprano, que no falta. Eso de perder tiempo no es lo de ella. Es de las costureras «más largas» y en estos días de tanto esfuerzo no ha sido diferente.

Janna, ¿y qué es lo que más te gusta de Cuba? Sonríe y dice sin pensar mucho: «su comida, pero sigo prefiriendo el Vodka».

Foto: Granma

LA CUESTA DE LA COMERCIALIZACIÓN

Si el atraso de las materias primas le impuso a la industria una fuerte tensión, para las unidades de comercio el asunto no ha sido menor. El proceso de venta de uniformes, concebido habitualmente de mayo a diciembre, este año se aplazó hasta finales de julio.

Si bien los índices productivos alcanzan el 97 %, hasta el 7 de agosto la industria había entregado 2 632 712 prendas, que representan el 84,4 % de la demanda ajustada, ascendente a 3 118 627.

De acuerdo con Francisco Silva Herrera y Yosvany Pupo Otero, directores generales de Venta de Mercancías y de Servicios, del Ministerio de Comercio Interior (Mincin), respectivamente, este año se tomaron varias medidas organizativas, atendiendo al corrimiento de la comercialización.

Concebir el expendio minorista, de manera escalonada, en dos etapas: una primera para los grados iniciales y una segunda para los continuantes.

Incorporar el número de la etapa en el bono que emite el Ministerio de Educación.

Extender la vinculación de las escuelas con la red minorista y priorizar el Plan Turquino.

Ampliar la red de comercio hasta 1 893 unidades, que superan en casi 300 los locales empleados el año anterior.

Extender los horarios de venta hasta las 9:00 p.m. todos los días, y los domingos hasta las 12 del día.

Habilitar atelieres para el arreglo de los uniformes y mantener el cambio de la prenda hasta siete días después de la compra.

De forma general, la comercialización de los grados iniciales marcha a más del 30 %, por lo que Betsy Díaz Velázquez, titular del Mincin, insiste en la necesidad de ser ágiles y aprovechar la extensión de los horarios para evitar colas y aglomeraciones, ya que el inicio de la segunda etapa, prevista para septiembre, dependerá de este primer periodo.

Además, recalca la responsabilidad del Comercio de monitorear la presencia de toda la curvatura de tallas en la red, de tomar medidas puntuales ante cada situación y, sobre todo, trabajar con mucha sensibilidad.

No perdamos de vista que, pese a los contratiempos, la garantía de al menos un uniforme a cada estudiante, cuyo precio oscila entre 4,50 y 13,80 pesos, es también uno de los logros de este país.

Foto: Granm

 

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