El Pacificador y los tartufos

Caminar por las páginas de un libro de historia, es una experiencia humana que nos lleva a un sitio del tiempo donde residen claves para Herida Profundaentender el presente. En eso pienso al leer Herida profunda del historiador Francisco Pérez Guzmán. Es un documentado estudio sobre ese episodio dramático que fue la reconcentración de Weyler, (1896-1898) aplicada en la guerra que libró Cuba contra España por su independencia.

Fue el acto de desplazar de manera forzosa a poblaciones rurales hacia la ciudad, una doctrina de guerra que había aplicado España en la Guerra de los Diez Años, Francia, en Madagascar, Rusia, en la guerra con Japón en1905, Estados Unidos en la Guerra de Secesión, en Atlanta. Sin embargo, nunca había tenido los rasgos terribles impuestos a Cuba; con unas 300 mil personas muertas.

Durante mucho tiempo, asegura Francisco Pérez Guzmán, se insistió en mencionar al sacerdote español Juan Bautista Casas el responsable intelectual de la reconcentración, cuando ya en carta del 25 de julio de 1895, Arsenio Martínez Campos, conocido como El Pacificador, en carta a Antonio Cánovas del Castillo, le propone la idea y sugiere que sea Valeriano Weyler quien lleve adelante el duro propósito, porque él, por razones de creencias, no podría asumir esa tarea de muerte; eso es algo así como, me lavo las manos, que mate el matarife de Valeriano.

El libro ahonda en otros datos sociales y culturales del impacto de la reconcentración, perolo de mayor interés sobresale cuandodestaca cómo la política de Estados Unidos utilizó el exterminio español, para movilizar a la opinión pública norteamericana y allanar el terreno de la intervención militar.

La élite del Norte se rasgó las vestiduras por los crímenes de  España contra Cuba. El presidente Mckinley le da la misión a Clara Barton, presidenta de la Cruz Roja Norteamericana, de visitar a la Isla insurrecta para ayudar a los cubanos.Se abre un “corredor” de ayuda humanitaria de EEUU hacia Cuba: alimentos, ropas, calzados, medicamentos; las dos Cámaras del Congreso, discuten la reconcentración. Una parte importante de los estadounidenses estaba solidarizada con Cuba; pero los  herederos de la doctrina Monroe, esperan la hora de la fruta madura.

Cuando estalló el Maine, el 15 de febrero de 1898, acompañaron los despojos de los marineros norteamericanos muertos, cubanos con la piel casi pegada al hueso; eran los reconcentrados que agradecían a los Estado Unidos el gesto de ayuda humanitaria.

Muy pronto los hechos tomarían un rumbo más trágico; en la tarde del 22 de abril de 1898, se asomaron barcos de guerra de Norteamérica para elbloqueo naval a varias ciudades cubanas, que aumentó las penurias y la muerte de los reconcentrados que andaban como fantasmas por las calles. ¿Y el desvelo por la suerte de los reconcentrados? ¿No dijeron que España cometía un crimen incivilizado con ese acto salvaje? ¿Era colosal hipocresía, la política de las élites estadounidenses con la ayuda humanitaria a Cuba?

Es en este punto que la historia nos devuelve preguntas y realidades actuales: El bloqueo que durante casi sesenta años, aplica Estados Unidos contra Cuba, es un acto despiadado e incivilizado que iguala o supera la doctrina de guerra de España; ahora no se trata de asfixiar a las zonas rurales sino de liquidar a un pueblo entero, con el pretexto de traer la libertad imperial.

Un personaje en la obra de Moliere, Tartufo, es expresión resumida del impostor, el hombre falso. La política yanqui está llena de tartufos; la ingenuidad y las mentiras no nos pueden desmontar la memoria colectiva. Y un verdadero pacificador, negocia la paz, no alza la mano a favor de bloqueos infames ni llama al exterminio.

(*) Profesor universitario y colaborador

 

 

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