El otro combate de Guisa

Este asentamiento rural de La Fe está en cuarentena luego de confirmarse alrededor de diez casos positivos a la covid-19 vinculados a un evento de trasmisión local.

El pasado jueves 28 de enero, sobre las cuatro de la tarde, una cinta blanca rodeó la finca Guisa, en el Consejo Popular La Fe, aislando del resto de los pineros el caserío de unos 13 núcleos familiares; entraba en cuarentena.

Un rato después caía la noche y el único poste de alumbrado estaba fuera de servicio. A lo lejos, un niño lloraba inconsolable. Los perros, acostumbrados a los vecinos, ladraban a un par de “fantasmas” –vestidos de blanco por completo– que avanzaban por los trillos entre las casas.

La covid-19, en su rebrote ominoso, hacía de gato en juego macabro con su presa; separaba a una madre de su pequeño.

Daimarelis, la delegada, encabeza el Puesto de Mando. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

“Tiene poco más de seis años. Su mamá fue puesta en aislamiento y él, que dio negativo a la prueba, quedó bajo el cuidado de dos familiares a quienes no está apegado –recuerda Daimarelis Bencosme Sotomayor, delegada de la circunscripción 54 del Poder Popular–. Yo soy madre; aquello, en la primera noche, me resultó muy duro. Imagínese, todavía los electricistas no habían repuesto la luminaria (lo hicieron a la mañana siguiente) y esto era ¡una boca de lobo!”.

DENTRO DEL CERCO

Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

“Teníamos 34 adultos y menores tras la línea de seguridad
–continúa la delegada–, el resto de los habitantes se encontraban en centros de cuarentena o ingresados en el hospital, pero el lunes primero de febrero llegaron nuevos resultados de las pruebas PCR y seis, incluido otro niño, dieron positivo. Nos quedan ocho de los 15 menores que tenemos en esta comunidad; el resto está fuera, bajo tratamiento”.

De Guisa salieron nueve confirmados y otros dos se ubicaron en el edificio 19, también vinculados a ese evento de trasmisión local que, según las autoridades médicas, tiene como principal causa del contagio entre vecinos la falta de percepción del riesgo.

A diferencia del primer brote en La Fe, cuando se reportaron 11 casos en un edificio, ahora hay confirmados 18 al redactarse estas líneas.

Este rebrote muestra una tendencia distinta, enferma a los pequeños tanto como a los mayores, lo cual no era frecuente a inicios de la pandemia.

Radamés Velázquez, como todos en Guisa, vive su primera experiencia de aislamiento. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

El referido asentamiento rural tiene una sola entrada, un callejón cerrado por la barrera de seguridad y la caseta del Puesto de Mando. Dentro, la primera vivienda a la derecha pertenece a Radamés Velázquez Mota. Vive, como todos en esta comunidad, su primera experiencia de aislamiento. “Lo principal es que estoy en casa, donde tengo una ‘cochiquerita’ bastante regular –comenta– y las atenciones recibidas han sido maravillosas. Esto lo digo en agradecimiento… Nos traen los productos de la bodega, las medicinas, el gas, también la venta –¡sin salir de casa!– de huevos, carne de cerdo, galletas, palitroques, dulces, verduras y vegetales, arroz, viandas… ¡de todo! Hasta donaciones y juguetes para los niños”.

La hija de Martha y Radamés cumple la cuarentena en el hotel La Cubana, en Nueva Gerona. Al conocer su diagnóstico de inmediato se le repitió la prueba a toda la familia.

Mientras conversamos por teléfono veo a un mensajero llegar con una carretilla cargada de tanquetas plásticas y las desmonta en la portería de Radamés.

¿Tu casa es un punto interior para la distribución de alimentos?, pregunto. “No –se ríe–, es salcocho. Mi hermano llega hasta el Puesto de Mando, allí las desinfectan y me las trae un mensajero. Vaya privilegio, ¿verdad? ¡Hasta mis puerquitos tienen servicio a domicilio!”

 

MENSAJEROS

El encargado de alcanzarle las cubetas a Radamés resulta ser un viejo amigo que cumplió misión conmigo en Delta Amacuro, en Venezuela: Gabriel Delbás Fiel.

En el área roja está Delbás. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

“Sabíamos a lo que deberíamos enfrentarnos –Delbás hizo de mensajero a lo largo de toda la primera oleada de la pandemia, en el Punto Tres del reparto Ángel Alberto Galañena–. Apenas nos enteramos de la situación decidimos venir para acá”.

¿Qué deja este padre de familia, un hombre maduro, no un adolescente deseoso de experiencias extremas, para asumir esta riesgosa tarea que nadie le impuso, salvo su conciencia? Delbás lo resume en pocas palabras: “Detrás quedan mi esposa, mis hijos, mi madre. Ellos se preocupan, pero nos estamos cuidando. Así los protegemos a ellos también.

“Mire quiénes vienen por ahí –apunta a un par de jóvenes que llegan en una motorina–. ¡Son unos campeones!

Mensajeros del área externa: “Si todos combatimos detenemos la covid-19”. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

“Tenemos dos mensajeros dentro –recuerdo las palabras de la delegada–, son quienes llegan hasta los vecinos. Otros dos se encuentran en la parte de afuera encargados de cualquier gestión, sin descanso. Para ellos no hay relevo; la motorina empleada es personal y la han puesto en función de la tarea, metiéndole el pecho a lo que haga falta”.

Son los hermanos Jorge Alejandro y Marcos Daniel Pérez Gutiérrez. El mayor terminó el Servicio Militar y se incorporó en septiembre a la escuela de oficios Bruno Hernández, como profesor de Educación Física; Marcos Daniel, siempre apegado a su ideal, estudia en la Epef.

¿Cómo y por qué asumieron una encomienda tan extenuante?

“El Presidente del Consejo Popular La Fe, Danilo Abreu, confió en nosotros –responde por ambos Jorge Alejandro– y estuvimos de acuerdo en ayudar porque es lo que nos gustaría trasmitir a los jóvenes: si todos cooperamos ¡podemos detener la covid!”.

ATENCIÓN PERMANENTE

La atención de Salud en el asentamiento poblacional en cuestión está a cargo del doctor Juan Carlos Ramos Reyes.

“En Guisa, nuestra única área en cuarentena, la situación es estable. Ocasionalmente se nos da el caso de algún paciente a quien se le agotan sus medicamentos controlados por tarjetón, pero de inmediato hacemos la gestión donde haga falta; en estos momentos ninguno carece de los suyos.

 

Cuanto entra o sale se desinfecta primero, afirma Leovigildo Matos Pérez, uno de los paramédicos. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

“A la entrada del área restringida, de forma permanente, hemos situado a un paramédico con el encargo de desinfectar cuanto entre o salga.

“Tenemos, además, a un médico y un estomatólogo –concluye Ramos Reyes– encargados de realizar la pesquisa, día a día, a los convivientes tras la línea. Hasta el momento no reportan problemas de salud preocupantes. No obstante estamos preparados para enfrentar cambios en este escenario, el cual puede ser engañoso debido a los portadores asintomáticos”.

Desplazo la vista, miro con los ojos del corazón y entre quienes responden las preguntas sin descuidarse un minuto ni quitarse sus medios de protección, distingo a héroes arriesgándose por los demás, a jóvenes que sin ser galenos también salvan vidas, y a médicos, enfermeros y autoridades que con humildad lo dan todo por salvaguardar al pueblo y su bienestar.

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