El orgullo de continuar un legado de humanismo

Foto: Yenisé Pérez Ramírez

Yurisel Stewart Cano tiene 36 años, pero su sonrisa contagiosa parece de niña. Me recibió en medio de una ajetreada mañana de trabajo en el consultorio número 12 del policlínico II Leonilda Tamayo Matos con bata blanca y tenis Converse y antes de comenzar mi entrevista me pidió que disculpara si había alguna interrupción, pero atender a los pacientes era lo primero.

Entre 2013 y 2016 esta joven fue una de los cientos de doctores cubanos que dieron su paso al frente y se integraron al programa  internacionalista Más Médicos para Brasil, una idea de la entonces presidenta del país suramericano, Dilma Rouseff y hoy decidió compartir sus experiencias en esta nación como respuesta a la absurda posición  asumida por el presidente electo Jair Bolsonaro respecto a la misión médica cubana.

“Cuando me asignaron la misión lo primero que se despertó en mí fue la curiosidad porque la cultura de Brasil es algo que los cubanos creemos conocer bien por lo que vemos en las novelas, sin embargo la realidad, cuando uno se adentra, no siempre es tan bonita y brillante como la muestran.

“Mis tres años allí los pasé trabajando en una clínica de salud pública en el estado de Santa Catarina, municipio de Navegante, donde yo era la única cubana así que ya eso era un reto importante. Recuerdo que al llegar fui bien acogida por los pobladores, aunque tenían muchas reservas para tratarse conmigo, con los colegas la cosa fue más complicada porque ellos sí que no veían con buena cara la llegada de una doctora extranjera.

Foto: Yenisé Pérez Ramírez

“Algo que me chocó mucho al inicio fue la barrera idiomática porque aunque aquí nos preparan se torna muy difícil entenderlos. No es lo mismo las clases que recibíamos antes de partir con un profesor y hablando pausadamente en el aula, a la gran mayoría de la población que se atendía en la clínica, que eran descendiente de italianos y alemanes y hablaban muy rápido. Muchas noches me acosté llorando porque pensaba que no iba a poder aguantar y en ocasiones pensé en regresar, pero el compromiso pesaba más y poco a poco fui venciendo mis miedos.

“A medida que fui cogiendo más confianza con los pacientes y que ellos veían el interés real que uno mostraba no solo por su salud, sino por las condiciones del hogar y el entorno, entonces ya se decantaban por mí y en ocasiones esperaban y hacían colas más largas para atenderse conmigo y no con los médicos brasileños, eso me daba un poco de pena pero al mismo tiempo me quedaba con la sensación de estar haciendo bien mi trabajo.

“Es una experiencia enriquecedora porque lo practicas todo. Mientras que cada uno de los profesionales brasileños tiene una función específica y no se salen de ese marco, los médicos cubanos lo mismo dan una consulta que hacen un lavado de oído, una sutura o sacan una uña, para eso estamos preparados, por ello no tiene lógica que hoy se ponga en duda la competencia y profesionalidad de nuestros colaboradores.

“Allá tuve sobre todo dos experiencias que me marcaron mucho, una fue una viejita, y lo digo con todo el cariño porque era muy bajita y me recordaba a mi abuela. Esta paciente, Lucia, tenía cáncer y su salud estaba muy deteriorada, por lo que venía a menudo a la clínica, pero de a poquito fue mejorando, al menos anímicamente. Ella siempre me agradecía porque decía que antes de mí, ningún médico le había puesto una mano encima –porque allí no se acostumbra a hacer exámenes físicos–,  sin embargo yo quería ponerla como nueva, porque siempre la chequeaba completa y me interesaba todo.

“La otra anécdota es más triste y es que cuando yo llegué a la clínica, al poco tiempo se fue el ginecólogo porque no estaba satisfecho con la paga y me tocó asumir esa responsabilidad también como graduada de Medicina General Integral. Allí hice todo el seguimiento al embarazo de una joven y ya cuando estaba a término su bebé falleció y pasó sin que nadie se interesara por ello. Eso me destacaba mucho más la diferencia con nuestro sistema de Salud Pública, porque el Programa de Atención Materno Infantil aquí tiene absoluta prioridad.

“Pero como esta te puedo decir que hay otras diferencias muy grandes, por ejemplo si allá tienes dinero siempre recibes atención médica de calidad y al momento, pero si dependes de las gratuidades es muy difícil, pues los exámenes que en cualquier centro asistencial cubano demoran tres días, allá tardan hasta dos meses y en ese tiempo las patologías cambian. Además en las consultas los pacientes se sientan de frente a los médicos, no al lado como acostumbramos aquí para tener un mejor acceso a examinarlo y mirarlo mientras lo atiende.

“Si de algo estoy segura es de que el pueblo brasileño va a sentir realmente la ausencia del personal de salud cubano, porque nosotros llegamos a los sectores donde sus profesionales no quieren ir y les ofrecemos lo mejor de nosotros sin esperar nada a cambio”.

Esta vocación humanista de la medicina cubana es una de las tantas enseñanzas que debemos agradecer a nuestro mayor hombre de ciencias, nuestro Líder Histórico Fidel, quien supo ver en la cooperación solidaria entre naciones, los cimientos para el desarrollo de nuestra sociedad.

Fidel Isla de la Juventud
Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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