El llanto feliz de una misión cumplida

Foto: Tomada de Facebook

Eran poco más de las dos de la tarde del día seis de octubre cuando el mensaje entró a mi WhatsApp: “Estaba descansando, llegamos hace unas horas. Nos ubicaron en el hotel Rancho El Tesoro para pasar la cuarentena, ya estamos en casa”.

Cuatro días antes había contactado con la especialista en 1er grado en Medicina General Integral Sheila Fournier González, quería que compartiera con el Victoria sus vivencias como una de las integrantes de la brigada médica “Leonilda Tamayo” que, durante un mes, apoyó en el enfrentamiento a la Covid 19 en el hospital de campaña pediátrico “Elpidio Valdés”, habilitado en la Escuela de Ciencias Militares General Antonio Maceo, en la occidental provincia de Artemisa.

A Sheila la conozco desde la infancia, por eso me resultó fácil y difícil a la vez esta entrevista. Sé por experiencia que es una excelente persona, generosa y sensible, sin embargo, de su faceta como galena poco conocía y fue un privilegio descubrirla con este trabajo.

Comenzamos por lo primero, ¿cómo fue dar el paso al frente?

“La nuestra era la tercera brigada médica pinera que salía a brindar apoyo en otras provincias y creo que ninguno lo dudó para sumarse. Fuimos 16 profesionales entre médicos y enfermeros, algunos con hijos pequeños aún, pero sabíamos que íbamos a proteger la vida de otros niños y esa era una tarea importante. En cuanto puse los pies allá el 31 de agosto supe que había tomado la decisión correcta, fui a aportar mi granito de arena.” 

Foto: Tomada de Facebook

Por lo general las misiones médicas laboran en otras naciones y no dentro de nuestro país, pero este ha sido un contexto excepcional. A su arribo a Artemisa ese territorio mostraba alta incidencia de contagios. ¿Cómo fue la acogida y el trabajo? ¿Cuánto significó?

“Desde que uno se inicia en esta carrera los profesores te dicen que hay que estar preparados para enfrentar cualquier situación, pero dentro de Cuba es muy poco común el chocar con algo inesperado. Solo cuando salimos a misiones en otros países es que vemos en serio los riesgos que se corren y, aun así, casi nunca tienen esta magnitud. Este fue el escenario que nadie avizoró y creo que requirió -lo hace todavía- no solo de un enorme profesionalismo, sino de también una calidad humana y una sensibilidad muy grandes, ver eso de manifiesto día a día resulta impresionante.

“La acogida por parte de los artemiseños fue muy bonita, principalmente por el personal militar, que nos ayudó en todo y trabajó a la par de nosotros. Estuvimos muy bien atendidos y creo que sin ellos no hubiese sido posible lograr nuestro cometido.

“De los pacientes…muy agradecidos, muchos lloraban de la emoción cuando decíamos que éramos una brigada médica de la Isla de la Juventud que venía a apoyarlos. En el rostro de cada madre y niño se notaba la alegría de saber que estábamos ahí por y para ellos. Cuando le dábamos de alta a los pacientes recuperados lo despedíamos con aplausos y fue muy emocionante ver sus caritas, la verdad yo terminaba llorando, pero era un llanto feliz.

“Ahora, eso no quita que el trabajo fue duro Yeni, en ocasiones muy agotador, pues trabajamos de lunes a lunes sin descanso ni horario. Mientras el personal de salud de allá trabajaba 24 horas por 72, nosotros lo hacíamos diario sin descaso fijo.

“Además, te confieso que era difícil, dolía entrar a un cuartel que tenía entre 100 y 120 niños ingresados y eran cuatro cuarteles.

Foto: Tomada de Facebook

Allí estaban los menores sospechosos y contagiados del virus y las embarazadas sin complicaciones con menos de 36 semanas. Fueron cifras alarmantes mientras estuvimos allá.

“En ocasiones algunas gestantes nos ponían muy tensos porque se sentían peor que los niños y no se les podía quitar la vista de encima. Tuvimos pocas complicaciones y cuando fue necesario los trasladamos a hospitales con mejores condiciones.

“Nunca había trabajado con tanta presión, pero al final lo indiscutible es que vinimos porque el país lo necesitaba y si la Isla se hubiese visto en una situación similar sabemos que también nos iban a brindar ayuda”.

A ti la medicina te viene en la sangre pues tu papá fue un excelente profesional, muy querido por el pueblo pinero. ¿Sientes que con esta experiencia das continuidad a su legado?

“Hoy te puedo decir que en al inicio sentí miedo, creo que todos lo hicimos, porque llegamos a Artemisa en medio de un pico pandémico y la percepción de riesgo era baja. A diferencia de la Isla, donde muy pocos trabajadores de la salud se han contagiado, allí una gran parte del personal de salud cursó la enfermedad y nos tocó educar mucho a los pacientes sobre los cuidados.

“En todo ese tiempo no tienes idea de cuántas veces vino a mi cabeza el recuerdo de mi papá. El sueño de trabajar a su lado no se cumplió, pero te garantizo que estuvo conmigo todo el tiempo. “Algunos de mis compañeros que sí coincidieron con él en la labor hacían anécdotas y pensé mucho en cómo hubiese enfrentado esta situación. Ponerme en su piel me resulta imposible porque para mí su grandeza es inigualable, pero me motiva mucho la idea de seguir sus pasos, superarme siempre y pensar que donde quiera que esté está orgulloso de mí, de quien soy y lo que hago”.

¿Cuánto te aportó la experiencia, como profesional y ser humano?

“Nunca pensé que iba a pasar por esto, que tendría estas experiencias para un día contar a mis hijos sobre la pandemia que nos azotó y el rol del personal de salud. Esto me demostró que queda mucho por conocer, que cada mala experiencia puede servir para crecer y sacar lo mejor de las personas. De mis compañeros aprendí mucho durante esta etapa, me asistieron cuando fue necesario, adquirí nuevas habilidades y me descubrí más valiente y fuerte de lo que pensaba. Como persona, creo me despertó aún más la sensibilidad y la empatía por los que me rodean”.

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Antes de partir de tierras artemiseñas por su destaca labor, responsabilidad y compromiso, los 16 integrantes de la brigada “Leonilda Tamayo” fueron merecedores de la condición Jóvenes por la Vida, que otorga el Buró Nacional de la UJC, mientras que las FAR les entregó el Sello Conmemorativo Aniversario 65 de su fundación. Por ahora solo restan unos días para que su pueblo pinero también les dé la bienvenida a estos héroes de bata blanca.

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Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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