El levantamiento sonó en Cuba

¿El 26 de julio de 1896 era el mejor momento para desarrollar un movimiento insurreccional en Isla de Pinos? Todo indica que sí.

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No se puede olvidar que las autoridades españolas usaron esta ínsula para el destierro de los llamados “indeseables” y explotar esa  fuerza de trabajo. Entre ellos había valerosos participantes en la Guerra de los Diez Años y en el inicio de la Guerra Necesaria.

Pero hay otro hecho relacionado con el anterior que aporta argumentos para responder la interrogante: la épica invasión de Oriente hasta Occidente del Ejército Libertador al mando de los mayores generales Máximo Gómez Báez y Antonio Maceo Grajales.

El ejército mambí en 90 días recorrió 1 800 kilómetros desde la partida en Mangos de Baraguá, libró 27 combates, ocupó 22 poblados y con 4 500 hombres derrotó a 200 000 españoles, consiguió la unidad nacional y rompió el mito del regionalismo, porque en tierra vueltabajera combatieron hombres de todo el país.

De manera simbólica el Titán de Bronce entró a Mantua el 22 de enero de 1896 acompañado del repique de campanas. El 23 se firmó el acta del fin de la invasión.

La Campaña revolucionó a las provincias de Occidente y el afán de  lucha por la independencia frente al colonialismo español llegó a sus más amplios sectores y no quedó excluido el territorio pinero.

Los deportados ya habían encendido las ansias de libertad en los jóvenes, que aspiraban a unirse a la Revolución del ‘95, concebida por José Martí en aras de la soberanía de Cuba. Ellos se organizaron para el levantamiento armado, proyectado en enero de 1896.

Nacido en San Pedro, hoy Argelia Libre, uno de los mozalbetes era el hábil cobijador de techos de guano Bruno Hernández Blanco, quien se hizo cargo de las labores de milicias y reclutamiento en el Alzamiento del 26 de julio de 1896, en la entonces Isla de Pinos.

Aunados por el sentido de justicia, Hernández Blanco y sus compañeros, incluida una mujer: Evangelina Cossío y de Cisneros, hija de uno de los mambises deportados, se enrolaron en la acción.

Ese día, los revolucionarios pusieron a su favor la celebración de la Santa Ana –matizada de festividades en las que la población pernoctaba– y maniobraron sin levantar sospechas.

El bullicio y las carreras de cintas a caballos daban colorido al jolgorio en Nueva Gerona, oportunidad para agrupar a los insurrectos con cabalgaduras que partieron de Santa Fe.

Según lo planeado, la agraciada Evangelina Cossío, aún sin tener los 20 años, aprovechó las promesas de amor del coronel español José Bérriz –jefe de guarnición y hombre de confianza del Capitán General de Cuba Valeriano Weyler– para invitarlo a su casa.

Bérriz cayó en la celada y apenas se abrió la puerta de la muchacha se encontró con las pistolas de los insurrectos quienes le ordenaban  firmar la capitulación, pero él se abrazó a la joven dando gritos, los soldados lo oyeron y derribaron la puerta, iniciándose un intenso tiroteo que obligó a los patriotas a retirarse a caballo.

Otros conspiradores ocuparían el Cuartel de Caballería, distribuirían las armas entre los conjurados, capturarían la cañonera en el muelle y partirían hacía Pinar del Río, pero el plan fracasó.

Hernández Blanco tenía la misión de entrar al frente de la caballería en Nueva Gerona y tomar el cuartel, mientras apresaban a Bérriz.

Al llegar Bruno a San Clemente (hoy calle 26) se le unieron deportados que lo esperaban en San Clemente y calle del Río, para acercarse al Cuartel de Caballería –hoy seminternado Josué País– que ocupaba la manzana Vives, en cuya esquina recibieron una descarga cerrada de fusilería proveniente de una patrulla (ya emboscada y avisada de los sucesos) cercana a la esquina 37, la cual provocó el embotellamiento del grupo en la estrecha calle, desorganizándolo al ser castigada su vanguardia.

La avanzada quedó separada del grueso de los asaltantes y la obligaron a cabalgar hasta la calle Pinillos, donde había soldados españoles. No obstante, trató de romper el cerco y en la esquina abatieron al joven jefe Bruno Hernández Blanco, quien derramó su sangre por la independencia de Cuba.

Comenzó la cacería de los hombres y la mujer protagonistas de los hechos; algunos se refugiaron en fincas, lomas, mangales, hoteles, casas, en su mayoría fueron delatados y asesinados. Evangelina encontró refugio en una panadería donde la detuvieron y recluyeron en el Vivac del Cuartel de Caballería, donde la maltrataron, después la trasladaron a Batabanó junto con los demás prisioneros, en el barco Protector, y luego llevados en tren hacia La Habana: los hombres a La Cabaña y la joven a una prisión.

La patriota fue condenada a 24 años de confinamiento en la cárcel de mujeres de Madrid, aunque habían solicitado la pena de muerte.

A pesar de frustrarse, el alzamiento del 26 de julio de 1896, sí fue en el mejor momento para un movimiento insurreccional en Isla de Pinos y una prueba fehaciente es que trascendió y demostró que las tradiciones patrióticas tuvieron respuesta en los sentimientos independentistas de los pineros, con la incorporación de muchos jóvenes al levantamiento, que sonó en Cuba y su ejército mambí.

Historia Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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