El hombre de la Isla mágica

Cuando por primera vez llegué a una de las más hermosas playas del este de Nueva Gerona, la cual ha ostentado varios nombres como Playa Columpo, Presidio Modelo, Minint y Paraíso, pude ver un pequeño islote que sobresalía del mar, a más de 200 metros de la costa.

Cuando por primera vez llegué a una de las más hermosas playas del este de Nueva Gerona, la cual ha ostentado varios nombres como Playa Columpo, Presidio Modelo, Minint y Paraíso, pude ver un pequeño islote que sobresalía del mar, a más de 200 metros de la costa.

Recordé entonces el libro La Isla del Tesoro, escrito por Robert Louis Stevenson, donde aparecía la Isla del Diablo, sitio en el que se ocultaba el tesoro, pero me dijeron que esta se llamaba Isla de los Monos, pues allí el científico cubano Filiberto Ramírez Corría, en la primera década de los años ’50 había montado un criadero de simios.

Al continuar indagando supe que Filiberto vivió en el territorio pinero durante varios años y se hizo construir una casa en la vieja carretera que iba de Santa Fe al muelle de Júcaro.

Nació en noviembre de 1904, en San Luis, en la antigua provincia de Oriente, pero a los pocos años la familia lo llevó a vivir a Santiago de Cuba, donde cursó los primeros estudios en el colegio Luz y Caballero y después continúa con la segunda enseñanza.

Fue en 1923 cuando matriculó en la carrera de Medicina en Ciudad de La Habana y se vincula con los jóvenes revolucionarios de la Universidad y junto a ellos comienza a luchar contra la dictadura de Gerardo Machado y Morales.

Como otros tantos fue expulsado del centro de alto estudios y para culminar su especialidad partió para Francia donde logró graduarse. Volvió a Cuba en 1933, aquí de inmediato revalidó su título. Su amigo Antonio Guiteras le ayudó a conseguir una plaza de bacteriólogo en el Laboratorio Nacional y después pasar a la Academia.

La Habana sufrió una severa epidemia de poliomelitis durante 1934-1935 y el médico cubano tuvo que estudiar a profundidad la patología de la enfermedad infantil, varios de sus trabajos comenzaron a publicarse en revistas, a la vez que pudo profundizar sobre el tema en el centro Rockefeller, en Nueva York.

Ya en Cuba, con sus propios recursos, crea un centro de investigación, posteriormente fue nombrado director del Instituto Carlos J. Finlay, el cual reconstruye y crea el laboratorio de virus, además de iniciar un vivero de plantas medicinales. Comienza la lucha por eliminar el paludismo en nuestro país.

A finales de 1948 se vincula a Isla de Pinos, fue la época de crear la colonia de monos en la Isla del Morrillo para las investigaciones que la hicieron famosa.

En esta pequeña ínsula, también se dedicó a otras actividades, pero estas vinculadas al folclor de los pineros y su tradición. Entre ellas se destaca su libro Excerta de una Isla mágica, para lo que tuvo que consultar una gran cantidad de documentos en Cuba y en los archivos españoles. Todo el que quiera conocer la historia de este sitio está obligado a leer el libro de Ramírez Corría.

Sin lugar a dudas, para hablar de susu suco, ese ritmo nacido en Isla de Pinos, necesariamente se debe acudir a Ramírez Corría y a su compañero y amigo Eliseo Grenet, destacado músico cubano con quien compartió las investigaciones sobre la cultura pinera.

 

Bibliografía utilizada: Ramírez Corría, Filiberto. Excerta de una Isla mágica. Editorial Olimpo. México 1959.

 

 

 

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