El conuco, su otro paciente

Solución efectiva en la eliminación de un microvertederoMientras me acerco a su apartamento, ubicado en Sierra Caballos, no ceso de preguntarme cómo puede combinar la labor de enfermero en la sala de Hemodiálisis y otras responsabilidades con la atención a su pequeño conuco; bien sea por la tarde, la noche o de madrugada.

Jorge Almanza es una de las tantas personas que en este Municipio transforma tierras ociosas en áreas productivas en pos de mayores entregas de alimentos para los pineros

Solución efectiva en la eliminación de un microvertedero

Fotos: Arturo Enamorado López

Mientras me acerco a su apartamento, ubicado en Sierra Caballos, no ceso de preguntarme cómo puede combinar la labor de enfermero en la sala de Hemodiálisis y otras responsabilidades con la atención a su pequeño conuco; bien sea por la tarde, la noche o de madrugada. ¿Es que acaso Jorge Almanza Cabrera no experimenta agotamiento físico?

Este hombre de mediana estatura y complexión fuerte es querido en el barrio por su sencillez y nobleza. Llega del hospital, se cambia de ropa y, azadón en manos, penetra en la finca. Un transeúnte detiene el paso y elogia los reverdecientes cultivos; él le obsequia unos ajíes y habichuelas.

El vecino de la segunda planta, Omar Pavón Rosales, maneja un bisitaxis y cuando puede, baja unos minutos y lo ayuda solo un poco, porque siente molestia en la columna vertebral.

Almanza al vernos al fotorreportero y a mí nos invita a pasar y, sin dejar de guataquear, comenta: “Bienvenida la lluvia para las plantaciones, pero la yerba no perdona; tres días seguidos de aguaceros y miren el yerbazal.

“Riego los canteros con cubos y una regadera confeccionada al perforarle el fondo a una cubeta. Almaceno el agua en tanques siempre tapados”

AHORA ES OTRO EL PANORAMA

Tras cinco años en la República Bolivariana de Venezuela, siente tristeza al ver convertida en microvertedero el área verde del edificio biplanta que cuidaba junto a los jóvenes trillizos, antes de partir a la misión internacionalista.

“Hallé el jardín hecho un monte, un refugio de vectores y roedores trasmisores de enfermedades, lleno de escombros y hasta con animales muertos. La peste era insoportable.

“Al conocer mi inquietud, mi esposa Mariela le pidió permiso a la delegada Iris Estrada para aprovechar ese terreno ocioso. Ella hizo las consultas pertinentes y la autorizó, incluso, le habló del movimiento de patios y parcelas productivos, organizado por la Agricultura Urbana y Suburbana y los Comités de Defensa de la Revolución.

“Lo nuestro era arrancar y ver si daba resultado, sin ningún fin de lucro sino para el autoabastecimiento familiar. Esta labor ayuda a eliminar el estrés y mejorar el flujo sanguíneo.

Apegado a su conuco luego del cuidado a sus pacientes“Un vecino de tránsito en el edificio llamado Leonadis Quesada empezó conmigo hombro a hombro; sacamos carretones de perdigones, basura, removimos la tierra y la mejoramos con materia orgánica. Plantamos unos cangres de yuca y maíz, todo se dio. Cuando recogimos la primera cosecha, no solo compartimos con mis vecinos las emociones sino también el fruto del esfuerzo. El 31 de diciembre cenamos con esa yuca, riquísima, se desbarató al instante.

“Recibo el asesoramiento de un ingeniero agrónomo. Aplicar la ciencia y la técnica es una garantía. Intercalo los cultivos y, por lo general, siembro los de ciclo corto como habichuela, pepino, tomate, cebolla y ajíes. Estoy probando una variedad de plátano enano, pensando en los ciclones. Tengo frutales y plantas medicinales”.

INMUNE AL CANSANCIO

Caen unas gotas y corremos hacia la casa. También lo hace Efraín Pérez Rodríguez, un tunero de 76 años, a quien Almanza llama cariñosamente el instructor. “Le digo así por sus enseñanzas, mucho he aprendido con él, no es igual el ancho y profundidad de un surco de plátano que otro de habichuela”.

Efraín, a su vez, caracteriza a Jorge: “Ha soltado el hígado aquí, es incansable, conoce mucho de enfermería, da buen trato a sus pacientes y, al propio tiempo, aprende rápido de la agricultura porque sabe escuchar y tiene interés. Lo que más necesita esta Isla es de gente como él, que establecen patrones de conducta colectiva, pues ya algunos siguen su ejemplo aunque faltan otros por sumarse”.

Al retirarme lo hice con la satisfacción de comprobar cómo hay personas que están dispuestas a romper con la rutina y aprovechar cada palmo de tierra, aunque ello implique sacrificio, aprender unos de otros y compartir experiencias para sacar a su familia y a la Isla adelante.

 

 

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