Dora Alonso y la Isla de Pinos

A esta Isla de ensueño se ha llegado por múltiples razones.
En el siglo XIX, de manera obligada, la visitaron poetas y escritores, patriotas luchadores por la independencia de Cuba y otras personalidades, y en el siglo XX, además de pintores, bailarines, grandes deportistas del mundo, de la radio y del cine. A cada momento llega a mí el relato de alguno de ellos, que siente la nostalgia de volver a verla.

A esta Isla de ensueño se ha llegado por múltiples razones.


En el siglo XIX, de manera obligada, la visitaron poetas y escritores, patriotas luchadores por la independencia de Cuba y otras personalidades, y en el siglo XX, además de pintores, bailarines, grandes deportistas del mundo, de la radio y del cine. A cada momento llega a mí el relato de alguno de ellos, que siente la nostalgia de volver a verla.


Cuando ojeaba la revista Isla de Pinos de noviembre de 1950 y llegué a la página 13, no me sorprendí pero sí me alegré, porque pude leer el artículo Recuerdos de Isla de Pinos escrito por Dora Alonso. En él dice:
“Fue hace varios años que la visité, por ese tiempo (tiempo de otoño, lleno de nostalgia) era la Isla como una flor lejana y fragante. Un deslumbramiento. Aquella brisa ligera, aquel conjunto de seres y de cosas…”.


No sé en qué momento estuvo en la Isla, pero ahí está su huella. Dora Alonso nació el 22 de diciembre de 1910 y murió en el 2001, el 20 de marzo, casi con 91 años. Por la cantidad de obras que nos ha legado me parece que vivió más.


Llegan a mi memoria Sol de Batey y Tierra Brava, proyectadas en la televisión, o Aventuras de Guille, que fue publicada en 1964, su primer gran éxito.


Fue una persona sencilla que no dejó perder el tiempo en ociosidad. Una de las pocas cosas de la que se vanagloriaba era la de ser guajira, porque nació en un pequeño poblado del Municipio de Máximo Gómez, en la provincia de Matanzas.


Retorno a la revista Isla de Pinos de 1950 y leo: “Algunas veces cuando las penas de vivir nos asedian cerramos los ojos para añorar cosas queridas, preciadas, cosas que entre el ensueño vuelven a ser nuestras, aromando de alegrías el corazón cansado. Por eso, para los malos tiempos, yo guardaba celosamente un recuerdo preciso y claro, una secreta fuerza alentadora: la Isla de Pinos.”


Del libro Personalidades Cubanas del Siglo XX, de Leonardo Depestre Catony y Luis Ubeda Garrido, tomé de Dora Alonso una mujer millonaria el párrafo que dice: “A los ocho años envié una cosita para un concurso del Ministerio de Educación y obtuve el premio. Casi todo lo que escribí por entonces era mediocre y valiera o no, lo rompí. Pero desde esa época no paré de escribir.”


Me parece verla caminar por las calles de Gerona al escribir: “Hablé de las montañas de mármol blanco que rebrillan al sol; hablé de los caminos de agua que conducen al alma callada de Nueva Gerona; dije de sus pinares cantores, de sus peces multiplicados bajo los cristales del mar. Y de la playa de arenas negras, que parece de polvo de diamantes cuando la luna brilla. Y conté de manantiales y de cocodrilos, un río de nombres vírgenes.”


Cuando leo líneas como estas me siento más pinero y digo a quien las escribió:

 

¡Gracias!

 

 

 

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