Donde Marlén es feliz

Foto: Yoandris Delgado Matos

Una maestra muy dedicada tuve en la infancia y Marlén Zaldívar Jiménez me hace recordarla. Ella es de ese grupo generoso de educadores que marcan la vida de sus estudiantes; a la vez, conserva una historia de vocación digna de revelar y reconocer.

Foto: Yoandris Delgado Matos

“Creo que soy maestra desde niña. La casa donde vivía tenía tres cuartos y uno de ellos era mi aula, lleno de muñecos, hasta peleaba con ellos y mi mamá se ponía como loca.

“Sin embargo, no estudié en el pedagógico porque era becado y no quería estar interna; entonces estudié Técnico Medio en Comercio, pero esa no era mi vocación; así, después de graduada, comencé como auxiliar en la escuela Enrique Hart Dávalos.

“Luego, con la escasez de docentes, surgieron los maestros emergentes y cursos de superación para las auxiliares pedagógicas; yo entré en uno de estos últimos para hacerme maestra y terminé la licenciatura en el año 2010”.

¿Qué significa para Marlén el aula?

“Ya son casi 25 años en este centro, siempre estuve en Enrique Hart. El comercio en realidad no era lo mío, mi lugar es en el aula. A mí me gusta y hace muy feliz levantarme en la mañana e ir para la escuela, incluso, en días en que no tengo fuerzas para hacerlo”.

Foto: Yoandris Delgado Matos

Y es que Marlén fue diagnosticada con lupus sistémico hace unos seis años, una enfermedad autoinmunitaria cuyos principales disparadores son la radiación ultravioleta, infecciones virales y la tensión; la cual puede afectar, entre otras áreas, la piel, las articulaciones, los riñones y el cerebro.

“Cuando fui a la primera consulta en el hospital clínico quirúrgico Hermanos Ameijeiras, en La Habana, estaba en una situación de salud muy crítica; el médico me dijo que lo primero era dejar el aula.

“¡Imagínate!, –le dije– vamos a hablar, buscar alternativas, yo me cuido y sigo en el aula”, pero insistió en que este es un trabajo estresante y el estrés es el primer punto a favor de esa patología.

“Reconozco que no puedo irme sin una libreta por revisar o venir a la escuela y dejar en casa un vaso sucio, eso no lo voy a cambiar, por ello me cuido muchísimo, siempre estoy bien cubierta y con la sombrilla, además no bebo, ni fumo…

“Hasta lo imposible haría para poder estar frente a mis alumnos, porque no me imagino en otro lugar, aquí se me olvida todo y soy feliz. Me hubiese “muerto” si me hubiera tocado estar tras el mostrador de una bodega, era este lugar y no otro”.

¿En este espacio qué es lo que más le complace?

“Dar clase. Planificar, organizar, eso es un compromiso, pero dando la clase se me va el tiempo, hasta la hora del almuerzo y el turno de Educación Física.

“Y también dejar huellas en los niños, en especial, en aquellos que debes llevar de la mano. Hay uno, Y. K. –por las iniciales para conservar su identidad– que llevaba tres periodos en segundo y su grupo ya entraba en quinto cuando lo recibí.

“En mi clase logré que aprendiera y fue conmigo hasta cuarto. Hoy día donde me ve, detiene lo que esté haciendo para abrazarme, darme un beso, preguntarme cómo estoy.

“Se siente muy gratificante el resultado de haberles enseñado a pesar de sus dificultades; te marca mucho más la vida aquel alumno con mayor necesidad de tu apoyo y además, ellos te lo agradecen”.

¿Cuál es el maestro al que le agradece Marlén?

No voy a olvidar a un profesor de Matemática en la secundaria. Soy mala con los números, no lograba asimilar, solo algunas cosas imprescindibles. Ese maestro me enseñó a aprender las matemáticas y jamás volví a pasar trabajo en esa materia; después fui aventajada, y es que se trata de dar la clase para que sepas cómo aplicar las herramientas de la asignatura que más dificultad te da”.

En un año tan complejo, marcado por Covid-19, ¿cómo fue abandonar el aula en un curso ya avanzado?

Nos detuvimos en un grado difícil, en otros hay tiempo suficiente para trabajar o no se realizan pruebas finales, pero me encontraba impartiendo segundo y en mi opinión ese es determinante en la enseñanza Primaria.

“En ese momento tuve muchas dudas, fue una etapa difícil en la cual los llamaba con frecuencia para comprobar cómo marchaba el proceso a distancia. Cuando llegó el dos de septiembre fue una sorpresa que de forma general mis niños habían recibido las teleclases, tenían los cuadernos trabajados y las actividades en las libretas.

“Me percaté entonces que tengo al grupo acostumbrado a trabajar y reafirmé su responsabilidad al haber cumplido esa tarea, los 25 niños, sin haber estado presente; sentí una gran alegría porque en los seis meses de cuarentena no se atrasaron y cada uno, en su nivel, retomó el curso en condiciones para vencerlo e iniciar el nuevo periodo”.

¿Cuál es la clave para educar en el “librito” de Marlén?

“El cariño. Los niños son seres muy agradecidos. Aunque se cuán exigente soy no solo les reclamo, también les doy un beso, les hago saber que los quiero.

“Asimismo antes de comenzar las clases tengo con ellos una charla educativa; en la cual ocupo de 10 a 15 minutos y les hablo sobre el respeto, la patria y lo importante de querernos unos a otros.

Además de enseñarles Matemática y Lengua Española, también necesitan hablar de cosas bonitas, les enseño que nos debemos vestir con los sentimientos, ser humanos, responsables, buenos, disciplinados…Y así he logrado que me quieran y respeten”.

¿Se siente realizada tras estos más de 20 años frente a los estudiantes de la enseñanza Primaria?

En casa también tengo espacio para el magisterio, es allí donde planifico, organizo y preparo el proceso docente educativo porque en la escuela el tiempo es totalmente para dedicárselo a mis niños.

“Mi mamá y mi esposo me ayudan con los quehaceres, así cada noche y el domingo la mesa se mantiene llena de libros; mi familia sabe que me gusta ser maestra. Recién cumplí 47 años de edad, el pasado 17 de diciembre, y respondiendo a tu pregunta: Sí, me siento realizada y siento que he dado lo mejor de mí”.

Al iniciar cada curso escolar muchos preguntan por la maestra Marlén y averiguan si su niña o niño será su alumno, en tanto, otros se acercan a indagar qué curso va a impartir la del andar despacio y voz suave y serena que ha sido, desde el aula, formadora también de las nuevas generaciones de docentes primarios.

“He sido tutora de varios maestros en formación con buenos resultados; a quienes he encaminado sienten amor por la profesión. Lo primordial es dejarles ver lo bonito del trabajo en el aula.

“No se trata solo de enseñar a leer y escribir, en eso se puede ser buenísimo, pero sobre todo es enseñarles a pensar, sentir, ser educados en el barrio o la escuela, aunque tú no estés.

“Es hermoso que te admiren como maestro porque el alumno aprendió contigo otras cosas como querer a su país y en eso educo a los míos, aún sabiendo que ellos tienen los oídos escuchándolo todo, pero deben saber que lo más importante que existe en Cuba son los niños y por ellos la Revolución hace muchas cosas buenas”.

Sin lugar a duda, educar es un arte que se practica mejor por vocación y la maestra Marlén es un ejemplo de ello y de que esa labor va, más allá del conocimiento, a los valores que forman los educadores en los niños, para quienes ellos siempre serán los héroes de la sociedad.

Educación Entrevistas Isla de la Juventud
Casandra Almira Maqueira
Casandra Almira Maqueira

Licenciada en Estudios Socioculturales en la Universidad Jesús Montané Oropesa, Isla de la Juventud

Colaboradores:

One Reply to “Donde Marlén es feliz

  1. Con el ordenamiento se habló mucho de no subir precio y es todo lo contrario pan liberado de 3 pesos 15 pesos, ómnibus de 1 peso a 6 pesos, el gas cuando lo subieron a 150 que luego fu bajando hasta 110 pesos era din subsidio, el transporte cuando le subieron los precios le quitaron el subsidio y así otros ejemplos hasta cuando van a estar quitando subsidio y no dicen cuanto es el subsidio para que subieron los salarios si de una forma u otro nos quitan lo que subieron

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