Donde mantienen vivo a Martí

Un delito, solo un delito había cometido el jovencito José Julián Martí Pérez, si es que se le puede llamar así al hecho de amar a su Patria y desear verla libre del régimen colonial español.

Solo bastaron ese sentimiento y anhelo para que con apenas 17 años conociera la crueldad del presidio y la cárcel en La Habana.

Fue gracias a la amistad entre su padre y el maestro de obras José María Sardá, que la desesperada familia logró sacarlo de las canteras de San Lázaro con un muy delicado estado de salud, profundas laceraciones en sus pies debido a los grilletes y en sus ojos la huella de la cal viva.

Personalmente Sardá gestionó con el Capitán General la posibilidad de la conmutación de la pena impuesta de seis años en presidio por la de confinado político en la entonces Isla de Pinos en tránsito a  su destierro a España y una vez que fue un hecho viajó con el muchachito a esta tierra.

A bordo de la embarcación el Nuevo Cubano, cuando despuntaba el día 13 de octubre de 1870, llegaba aquí quien años después se convertiría para la nación y este pueblo en su Héroe Nacional.

Cuenta la historia que se trasladó con su benefactor en un carruaje hasta su propiedad la finca El Abra hoy casa museo finca El Abra y Monumento Nacional (desde 1981) y allí permaneció el joven Martí por dos meses y cinco días.

Allí le fueron retirados los grilletes; allí la calidez y ternura de la familia que lo acogió curaron las heridas del cuerpo y el alma con la dedicación de la esposa de Sardá, Trinidad Valdés, por el amor maternal que le profesó.

Lo único altisonante en sus rutinas de lecturas, conversaciones con las personas de la casa, el disfrute de la naturaleza y el apego por escribir era la obligación que tenía de presentarse al pase de lista los domingos a las nueve de la mañana en la plaza central de la cercana Nueva Gerona.

Privilegio de los pineros es El Abra donde aún viven descendientes de los Sardá para quienes es motivo de orgullo que sus antepasados hayan tenido bajo su custodia al Apóstol. Su museo y el lugar no solo resguardan la historia de su estancia allí sino la de toda su vida y obra y más que atesorarla mantienen vivo a Martí.

Cultura Isla de la Juventud
Yojamna Sánchez Ponce de León
Yojamna Sánchez Ponce de León

Licenciada en Literatura y Español en la universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomada en Periodismo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *