Donde habita el corazón de los Cinco

cincoLo primero que vi fueron los dibujos, las caricaturas y fotografías expuestas en la pared del fondo. El espacio, aunque pequeño, húmedo y casi oscuro, parecía un altar de cariños y abrazos retozando entre papeles y recuerdos gratos.

 

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“Soy de un lugar donde cuecen el pan/ a la orilla de un sueño que lucha el amor”…
Vicente Feliú
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Lo primero que vi fueron los dibujos, las caricaturas y fotografías expuestas en la pared del fondo. El espacio, aunque pequeño, húmedo y casi oscuro, parecía un altar de cariños y abrazos retozando entre papeles y recuerdos gratos.

Estaban ahí. René me llevó hasta ellos y con la ayuda de un oficial identificado con la causa (aunque en secreto), pude conversar con Tony, Gerardo, Ramón y Fernando en la celda que fuera de René antes de salir de prisión. Esa tarde pude estrechar las manos de cinco hombres que dan su vida por esta Revolución.

Las horas parecieron minutos y no percibí en ningún momento un gesto de derrota o frustración en ellos, sino firmeza y grandeza en cada palabra y mirada. Ramón de manera enérgica, afirmó:

“Aquí hay que estar preparado para todo. Hay mucha manipulación, engaño y tergiversación de los hechos; pero confiamos en que la verdad saldrá adelante. Lo importante es echar esta pelea bien echada, poner nuestra verdad sobre la mesa, desenmascarar a los farsantes y llevar ese mensaje de amor y paz que tenemos; pero que no dejaremos de defendernos frente a quien sea. Nuestro país merece respeto”.

Y seguidamente Fernando, alegaba: “Quienes crean que la radio  de Miami y las organizaciones extremistas en esta localidad representan la forma de pensar de la mayoría de los cubanoamericanos residentes en esta ciudad, están cayendo precisamente en la trampa que ha tendido ese sector minoritario, pero económicamente poderoso, para presentar una imagen de unidad y representatividad de los sentimientos de cientos de miles de cubanos que viven aquí, cuando esa no es la realidad’’.

Me sentí un combatiente clandestino en ese país, donde el gobierno se regodea de ejercer la “democracia”. Yo, periodista de un municipio especial de Cuba, burlé la seguridad de los supuestos “defensores de los derechos humanos” y les llevé un mensaje de amor y solidaridad a nuestros luchadores antiterroristas.

Les entregué cientos de recortes de periódicos, de revistas y posters acerca de la lucha por su liberación, así como miles de canciones y poemas realizados por niños, jóvenes y adultos de la Isla, además de un manantial de tierra pinera, un arcoíris de mar y un sucu suco de arenas negras.

Fernando nunca dudó del apoyo incondicional de la Revolución y los cubanos, pero “no imaginé que ese respaldo se manifestara de forma tan masiva y de que todo el pueblo cubano se encontrara unido en la batalla por lograr el regreso a Cuba del grupo. Cuba siempre tendrá una voz y un hombre que la defienda, sean cuales fueren las circunstancias, aunque en ello me vaya la propia vida”, expresó.

Y Tony, con montones de poesías en sus manos, agregó: “Sé que seguirán a nuestro lado y nosotros juntos a ustedes en todas las contiendas por la justicia, por la dignidad, por la paz y la hermandad de todos los pueblos, que es en resumen la impostergable lucha por un mundo mejor”.

Mientras, Ramón manifestó su alegría y orgullo al escuchar “cuando las circunstancias nos permiten, cada palabra, cada verso, cada canción, incluso cada suspiro que nuestro pueblo nos ha dedicado. A todos, a nuestro Comandante, dile que soy el hombre más afortunado del mundo, que nunca mi soledad ha sido más concurrida”.

Al instante vino a mi mente el estribillo de Donde habita el corazón, del cantautor Vicente Feliú: “Soy de donde soy, aunque me encuentres donde esté/ aunque la noche cubra el cielo y haya crisis con la fe/Soy de donde soy, de donde habita el corazón/donde se sueña con palomas y se muere por amor”.

Esos hombres son Cuba y “nada ni nadie nos hará retroceder ni un pasito”, señaló Gerardo al tiempo que contemplaba una foto de Adriana pintando, y agregó: “Dile que siga pintando y que me guarde un original para cuando vaya por Caimito…porque voy, a pesar de todas las “cadenas”, ¡tú verás!”.

“Un día mi camisa de preso se quedará ahí colgada”, expresó Tony mirándome fijamente a los ojos, al tiempo que Ramón escribía para sus hijas y esposa en un pañuelo: “Hube de marchar por amor a ustedes y a todos… yo regresaré, no lo duden, recuperaremos todas mis ausencias”.

La despedida llegó, pero con ella el sentimiento noble de quienes no pierden por un minuto la esperanza de volver a su patria, de abrazar a sus hijos, esposas, madres y demás familiares, para dedicar millones de sonrisas al pueblo de Cuba y vivir en una sociedad justa.

Y Feliú vuelve a mis pensamientos: “cuento, repito, con la soledad/de mi sangre, mi gente, mi brío y mi verdad/cuento con ese país del amor/cuyas alas se extienden por cuanto lugar”.

Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González, Antonio Guerrero y René González, conocidos internacionalmente por los Cinco, fueron hechos prisioneros, encausados y sancionados hace 14 años a extremas condenas en Estados Unidos, sin que el sistema judicial norteamericano pudiera demostrar su culpabilidad en las causas imputadas.

 

 

 

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