Desvelos por los ancianos

Foto: Yenisé Pérez Ramírez

Mientras que por estos días en países de Europa la muerte obliga a ser partícipes de un juego macabro en el que unos pocos deciden quién recibe atención médica y quién no, en momentos en los que a solo 90 millas de distancia algunos políticos abogan por que los mayores se sacrifiquen, en esta nación pequeña y bloqueada no solo se vela por la salud de todos, sino que además se extreman medidas para salvaguardar a los más vulnerables.

Según la Organización Mundial de Salud (OMS) los adultos mayores constituyen uno de los sectores más susceptibles ante la CoVid 19, que a menos de cuatro meses de su aparición ha costado la vida de cerca de un millón de personas en el mundo.

En Cuba una quinta parte de la población supera los 60 años, situación a la que la Isla no es ajena pues como resultado de la migración de contingentes juveniles en los años 60 y 70 del pasado siglo, hoy contamos con una población envejecida en bloque a la que junto a la edad se asocian padecimientos como hipertensión, diabetes y cardiopatías, además de conductas poco saludables como el hábito de fumar, que elevan el riesgo ante el coronavirus.

Varias medidas garantizan aquí la protección de ese segmento poblacional, desde facilitar el acceso al Sistema de Atención a la Familia hasta mayor cuidado en centros especializados.

Según Miraidis Azahares, directora de la casa de abuelos Alegrías de vivir y el Hogar de ancianos Francisca Navia Cuadrado, de Nueva Gerona, estos cuentan con personal preparado para atender a los 40 seminternos de la casa y los 39 internos del Hogar.

Foto: Yenisé Pérez Ramírez

“Todo el equipo de trabajo tiene la premisa de garantizar la salud de nuestros mayores. Para ello cada día se realiza una pesquisa en busca de síntomas asociados al virus, desarrollamos charlas educativas para la prevención e importancia de elementos básicos como el lavado de las manos o el uso adecuado del nasobuco.

“En la puerta de nuestras instituciones –explicó– no falta el agua clorada para el enjuague de manos y también limitamos el acceso al hogar de familiares y amigos, permitiendo solo el acercamiento de los de primera línea y bajo las medidas higiénicas orientadas.

En el Hogar la edad promedio rebasa los 70 años y algunos ancianos presentan discapacidades o daños cognitivos por lo que el amor y la paciencia son también armas esenciales en la lucha contra la pandemia y que no se circunscriben solo a las instituciones, sino que se hacen extensivas a las comunidades donde un gran por ciento de abuelos residen solos.

Devolver los desvelos a quienes antes lo hicieron por nosotros es muestra de la sociedad que somos y en la que todos cuentan.

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Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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