Derrochar ahorro

MayraPor Mayra Lamotte Castillo

¿Cuántos apagones habría que sufrir para que las familias ahorren? Hasta el momento no hemos tenido ninguno dado a la voluntad estatal en la utilización planificada del combustible generador de la corriente, pero si seguimos malgastando la electricidad llegaremos a alumbrarnos con velas.

MayraPor Mayra Lamotte Castillo

¿Cuántos apagones habría que sufrir para que las familias ahorren? Hasta el momento no hemos tenido ninguno dado a la voluntad estatal en la utilización planificada del combustible generador de la corriente, pero si seguimos malgastando la electricidad llegaremos a alumbrarnos con velas.

Sabemos que en julio y agosto –meses de mayor temperatura– bebemos más líquidos, los niños y jóvenes disfrutan de una programación especial televisiva y de la trasmisión de las Olimpiadas durante las tres cuartas partes del día y los ventiladores no paran ni las computadoras tampoco.

Sin embargo, es preciso comprender la necesidad latente de controlar el consumo, en particular en el verano, con el propósito de desembolsar menos dinero en las viviendas y ocasionarle menos gastos al Estado.

No se trata de dejar de usar los equipos electrodomésticos, aunque sí de emplearlos con eficiencia y administrar de forma adecuada el gasto energético, sobre todo en el sector residencial.

El otro día salí apurada de mi cuarto, pues no quería llegar tarde a una reunión y estaba contra reloj, cuando mi nietecito Marcos Daniel, con apenas tres años, me salió al paso y dijo: “Abuelita, la luz”, indicando con el dedo la lámpara de mi aposento.

Fui la primera sorprendida al apreciar cómo él había captado –como nadie en la casa– mi constante insistencia en evitar el derroche. Para generalizar una cultura al respecto, al punto de que sea regla y no excepción, es imprescindible sembrar una simiente.

No queda otro remedio que poner en práctica iniciativas, juegos y vías de convencimiento de todos los moradores, para hacer del ahorro energético un asunto de honor y un compromiso de cada familia pinera.

En esta Cuba de 2012 no podemos hablar con propiedad de la actualización del modelo económico, si no partimos, en todos los contextos de la sociedad, del análisis del consumo de electricidad, combustible, agua y otros recursos.

Aunque sin sistematicidad, en las asambleas de la Federación de Mujeres Cubanas con las federadas, en delegaciones y bloques, se habla del tema y les explican a las féminas que entre las seis de la tarde y las diez de la noche ocurre el llamado “horario pico”, pues el sector residencial eleva su demanda; lo cual obliga a poner en funcionamiento las máquinas generadoras, incluso, a veces, las ineficientes, donde la generación cuesta mucho más cara.

También les aconsejan que apaguen la hornilla unos cinco minutos antes de que el alimento quede cocinado y en el caso de la arrocera desconectarla al cumplirse como máximo los 25 minutos y en cuanto al televisor usarlo de manera racional y no como radio.

En la lucha que libramos contra las consecuencias del bloqueo económico y otras agresiones a las que nos somete el imperio, debemos elevar la conciencia energética como garantía para materializar el plan de desarrollo territorial e impedir caer en la desagradable penumbra; por eso sugiero derrochar ahorro.

 

 

 

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