Derechos tergiversados en otras latitudes

Doctor Carlos Borges Peralta (*)

Considero que la mayoría de los cubanos hemos oído hablar de los derechos humanos aunque, por lo general, con un enfoque que señala a Cuba como violadora de estos, cuando en realidad no es así.

Aprovechar la utilidad y el acceso a Internet facilita penetrar en un tema que forma parte de nuestra realidad y permite ganar en argumentos a la hora de reflexionar o comentar al respecto.

Con el antecedente de la aparición de esos preceptos universales desde el siglo XVII fue, tras la Segunda Guerra Mundial, el diez de diciembre de 1948, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 217 A (III), que recoge en sus 30 artículos, los derechos humanos considerados básicos.

También adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos –Cuba fue una de las naciones que la aprobó–, con el objetivo esencial de gestionar las relaciones humanas en cualquier sociedad para que no haya desequilibrios e injusticias, a partir de su aplicación y administración por parte de los poderes públicos.

El genocidio y las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial posibilitaron llegar a un consenso en cuanto a la creación de las Naciones Unidas con el propósito de que trabajara en prevenir tragedias similares en el futuro.

La Carta de la ONU (artículos 55 y 56) obliga a todos sus miembros a promover “el respeto universal a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos” y para adoptar “medidas conjuntas o separadamente, en cooperación con la Organización”; por lo tanto, los gobiernos de los actuales miembros de las Naciones Unidas están obligados a su cumplimiento en aras del bienestar ciudadano.

Sin embargo, ¿cumplen cabalmente los países del primer mundo o del G-20 con estas finalidades y textos legales?

En el presente siglo se han tergiversado los 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y han servido como pretexto para intervenciones militares (Afganistán, Libia, Siria,) o ataques políticos y sanciones en foros internacionales y en la propia Naciones Unidas a países que difieren sus formas de gobierno de la existente en los Estados Unidos como Rusia, Venezuela, Cuba, Nicaragua, entre otros.

Si examinamos algunos de los capítulos hallaremos más ejemplos:

Respecto al número uno: Dignidad e igualdad de derechos desde el nacimiento, en el que subraya la obligación de todos los países a tener un sistema de salud que garantice un parto y nacimiento digno en instituciones a las que puedan acceder las embarazadas.

Medito y pienso en el desamparo total en que quedarán los habitantes más humildes de Brasil con la salida de los colaboradores cubanos del programa humanitario Más Médicos,  por las injurias del electo presidente Jair Bolsonaro, quien asumirá el poder en enero.

Otro numeral del referido documento señala que nunca podrá discriminarse por motivos de raza, color de piel, sexo, religión, idioma, origen, ideología política o estatus socioeconómico.

Si en países como Estados Unidos se cumple con este derecho humano, por qué en sus cárceles hay más presos de la raza negra, o latinos, o se discriminan a los de la religión musulmana.

Por último, el proyecto de Constitución de la República de Cuba que ha sido sometido a criterios, consideraciones y analizado por millones de cubanos constituye un marco jurídico que en todos sus capítulos y artículos recoge y reafirma la posición de Cuba en cumplir con la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

(*) Colaborador

Isla de la Juventud Opinion
Colaboradores:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *