Depende

julito-opinionPor Julio César Sánchez Guerra

“Que el negro sea negro y el blanco sea blanco, depende… todo depende, de según como se mire, depende… que  uno y uno sean dos… depende”… (Bueno, sabemos que uno y uno pueden ser once)…

 

julito-opinionPor Julio César Sánchez Guerra (*)

“Que el negro sea negro y el blanco sea blanco, depende… todo depende, de según como se mire, depende… que  uno y uno sean dos… depende”… (Bueno, sabemos que uno y uno pueden ser once)…

Así nos dice en una de sus canciones, Jarabe de Palo, grupo español que hace música rock bajo la dirección del guitarrista y vocalista, Pau Donés; el referido tema lleva por título el mismo de este comentario: Depende.

El asunto es que la canción nos lleva a uno de los dilemas humanos; el problema de la subjetividad y el relativismo que atraviesa la verdad y los puntos de vistas. No pocas veces creemos que nuestra verdad es la verdad.

Martí lo expresaba en la historia de los ciegos que querían saber cómo era un elefante, uno se le abrazó por una pata, el otro se le prendió a la trompa; el tercero le sujetaba la cola; y el cuarto tenía agarrada un asa de la fuente del arroz y el maíz.

El primero decía que el elefante es alto y redondo como una torre que se mueve, el segundo que no, que el elefante es largo y acaba en pico como un embudo de carne; el que sujetaba la cola decía que el elefante es como el badajo de una campana; y el último aseguró: “todos se equivocan, todos, el elefante es de figura de anillo y no se mueve”.  Y escribe Martí: “Así son  los hombres, que cada uno cree que solo lo que él piensa y ve es la verdad.

Pero la verdad se construye en el ejercicio del diálogo y el respeto, todo depende del universo de acción en el que nos encontremos, de las creencias, de la mentalidad, de la cultura, del horizonte que cada uno de nosotros lleva en los ojos.

Es un error lamentable imponerles a los demás nuestros criterios; se necesita no solo de la dialéctica que vivamente pregonamos, sino de la compasión de la ternura, esa que nos permite situarnos en el lugar del otro para pasar de la mismidad a la alteridad, es decir, del yo, a los demás, esa es la difícil empatía de entrar en la cuerda de otra resonancia. Es regla de la comunicación, que: “No es verdad lo que dice A, sino lo que entiende B”; todo depende.

Hay algo que complica las opiniones: “La trampa de la inteligencia”, es decir, determinar, a partir de la lógica de nuestro razonamiento, la realidad de los hechos: sirva este ejemplo: María está en la puerta de la casa, ve el carro del helado y corre a la cocina… ¿Por qué corrió María?…

Tal vez usted asegure que corrió a buscar algo para comprar helado, pero podría ser un error, una trampa, asociar la carrera al carro que ella ve pasar; pudo correr por otros motivos: corrió porque recordó de pronto, la cafetera puesta en el fogón, o porque estalló una olla, o porque la llamaron urgente… la lista sería interminable… Lo curioso que esto nos sucede a menudo por la manía de aferrarnos a la lógica de nuestro pensamiento, olvidando que la realidad se puede mover dentro de otra lógica muy distinta.

Lo mismo sucede con el acto de acercarnos a una obra de arte que no podemos captar sino desde lo estético, que es otra forma del mundo espiritual de los hombres, el arte es para vivirlo desde lo que nos sugiere y provoca, pero se mueve en una forma ideológica distinta al derecho, a la religión o a la política: ¿El error más frecuente por perder esa sintonía?: politizar las creencias.

Tampoco se puede olvidar lo escrito por el poeta español, Ramón Campoamor: “En este mundo traidor / nada es verdad ni es mentira / todo es del color / con los ojos que se mira”.

Eso no significa que la verdad sea tan subjetiva que cada cual pueda inventar la suya; por eso Federico Engels nos alertaba: “No por que yo clasifique al sepillo de botas, en la unidad, mamífero, le brotarán glándulas mamarias”… la verdad tiene su cetro, es absoluta y relativa, subjetiva, cambiante… y cabe en esa lógica de vida: “una cosa piensa el borracho y otra el bodeguero”; todo depende.

Por eso hay que andar por la vida con un poco de humildad, sin creernos los mejores, o que somos los dueños de la verdad; es preciso acerarse a una misma historia o asunto desde distintos planos, es necesario el silencio de aprender, escuchando a los demás.

(*) Profesor de la Universidad Jesús Montané Oropesa

 

 

 

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