Del temor a la confianza

Roy siente un enorme compromiso con el bienestar del pueblo. Foto: Osvaldo Pupo Gutiérrez

Cuando Roy Ernesto Díaz Masabot supo que él también combatiría la COVID-19, lo dudó. Pensaba que, al ser estudiante de primer año de Medicina, sus conocimientos no serían suficientes para detectar a los sospechosos.

La enfermedad ocasionada por el virus SARS-CoV-2 podría estar a la vuelta de un descuido y él, como otros, sintió temor. Sin embargo, cuando iniciaron en marzo las pesquisas activas en la Isla de la Juventud, se unió a los dúos de estudiantes de Ciencias Médicas que interrogan a los pineros sobre los síntomas asociados a la infección.

–¿Cómo fue tu primera vivencia?

“Al inicio estaba incrédulo. Pero cuando comprendí la importancia de lo que hacemos y uno se siente útil todo cambió, no importa lo demás.

“Existe un protocolo para las pesquisas. El primer día visitamos las 40 casas previstas, preguntamos los datos, si presentan sintomatología vinculada con la COVID-19 y si tuvieron contacto con viajero. Las respuestas son voluntarias, pero insistimos en la honestidad.

“Ahora estamos en una segunda etapa, donde debemos volver a las viviendas todos los días. El proceso es más rápido, pero efectivo. Si el poblador nos engaña durante la primera indagación, en las siguientes podemos distinguir síntomas. Todo lo hacemos sin entrar a las casas”.

–¿Cómo proceden si encuentran a algún sospechoso?

“Cuando una persona presenta las manifestaciones de la enfermedad lo informamos a su consultorio médico al finalizar la jornada. El doctor visita al sospechoso, lo valora y decide por la vigilancia o remisión a una institución.

“Para detectar infección respiratoria u otros síntomas de la enfermedad, es necesario “tener vista”; y en primer año de la carrera no tenemos mucha. Por eso, los dúos son integrados por estudiantes de diferentes años”.

–¿Cómo ha sido el intercambio con la población?

“Las personas nos agradecen. Cuando tocamos la puerta cambian el rostro fruncido por una sonrisa. Sentimos familiaridad, a la cual no estamos acostumbrados los de primer año, pues no estamos vinculados a pacientes. Sin embargo, nos enfada la actitud de quienes no nos atienden bien o mienten, pero enfrentamos con argumentos y aclaramos que las medidas no son excesivas, sino necesarias.

“Cada mañana nos actualizan y trasmitimos la información para elevar la percepción del riesgo. Los profesores insisten en la protección”.

–¿Reciben trato diferenciado los adultos mayores, tan vulnerables?

“Sí. Los ancianos reciben una atención especial. En las casas de mi Consejo Popular 26 de Julio, viven 28. La mayoría de ellos, 18 exactamente, no tienen compañía. A veces me acerco más para que escuchen mejor; también les ayudo en lo que puedo…

“En los barrios he sido testigo de la solidaridad de los vecinos con los adultos mayores, a quienes llevan alimentos y productos de la canasta familiar normada. De la tercera edad recibimos las mayores muestras de cariño”.

Los adultos mayores reciben un trato especial en las pesquisas.

–Cuando concluya esta etapa ¿qué experiencias te habrá dejado?

“La tarea es difícil, requiere de mucha responsabilidad, en las mañanas pesquisamos, en las tardes estudiamos. Me quedaré con la experiencia de haber atendido a pacientes y recibir agradecimiento. En ocasiones me llaman doctor, aspiración que es hoy un enorme compromiso”.

Al final de cada jornada entregan un parte a los consultorios. Foto: Osvaldo Pupo Gutiérrez

(*) Estudiante de Periodismo

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