Decreto contra la chabacanería

Confieso que soy de las que creí que ya para esta fecha, casi mediados del 2019, estaríamos viendo caer en total miseria la vulgaridad, lo obsceno y lo de mal gusto. Pensé que tal y como se pinta la realidad cubana de hoy, él llegaría con la fuerza que lo amerita la situación y arremetería contra todos, estatales, cuentapropistas y naturales, mas el Decreto 349 –sobre la protección de la cultura en los espacios públicos– todavía no llega y planta para y hacer valer nuestros derechos.

Amén de que las contravenciones tipificadas por la normativa aquí en el Municipio, como en las provincias, están a pululu –como dijera el personaje de Ruperto–, esta reportera luego de leerla una y otra vez, conocer de las acciones de los detractores y las internacionales que solo buscan desacreditar a Cuba y su Revolución, comprendí que aún no es momento.

Urge seguir discutiendo su esencia y la aplicación debe ser resultado del consenso al que llamó a finales de diciembre el presidente Miguel Díaz-Canel con quienes representan las organizaciones y entidades que agrupan a los artífices.

Deberán surgir nuevas leyes y otras formas de controlar y poner orden en lo que ha pasado en materia cultural en estos tiempos que no son los de los ’70 ni los ’90.

Cada campaña levantada en su contra más bien pretende embestir a una nación de la cual han nacido en todas las manifestaciones del arte, excelentes creadores, frutos de un proceso de calidad excepcional y de los esfuerzos por masificar la cultura. Por eso el Decreto no es invento de hoy, tiene un antecesor en el 226, rubricado por el Comandante en Jefe Fidel Castro en 1997 y que vio la luz luego de debates con los artistas e intelectuales.

Este solo pretende atemperar el anterior con la Cuba de este siglo XXI, netamente cultural y prueba de ello son los sucesos que se viven por estos días, la XIII Bienal de La Habana, mayor evento de las artes visuales, y las Romerías de Mayo.

Habrá que esperar, aunque en ocasiones a una le reviente cómo se usan de forma indebida ciertos espacios públicos o la existencia de algunos que, sin haberse formado en una academia, ganan miles de pesos solo apropiándose de oficios profesionales como los de restauradores y artistas de la plástica.

Habrá que esperar, aunque mientras se nos afecten los oídos ante tantas bocinas callejeras, las mujeres nos abochornemos con los improperios salidos de la letra de una canción y la imposición en los medios de difusión de temas y videos que lejos de entretener, avergüenzan.

El 349 no es una ley contra la creación artística, como tampoco lo son las existentes en otros países; la nuestra busca librar a los cubanos de la falta de gusto estético, la chabacanería y el deterioro de valores que traen consigo “sus productos” en los espacios públicos, en fin, salvaguardar la verdadera cultura.

 

Cultura Opinion
Yojamna Sánchez
Yojamna Sánchez

Licenciada en Literatura y Español en la universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomada en Periodismo

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