Dear coronavirus…

Sin sonrojarse siquiera por sus costosos fallos, Trump quiere servirse de la COVID-19 en su puja presidencialista...
Sacar lascas a su favor es lo único que interesa al presidente Donald Trump por encima de todo criterio en su contra. (EFE)

Ciertamente, el ególatra presidente de los norteamericanos no repara en nada a la hora de buscar todas las rutas posibles para posesionarse otra vez en la Casa Blanca como “vencedor” en las proyectadas elecciones de noviembre cercano.

Así, en el peliagudo asunto de la COVID-19, pandemia que ha convertido a los Estados Unidos en su blanco preferente con cifras récord de contagiados y muertos, el magnate inmobiliario da la espalda a críticas, protestas y serios y fundamentados cuestionamientos sobre su desastroso manejo de la crisis de salud en el país, y se dedica afanoso a retorcer el panorama argumental para arrimar la brasa a su propia sardina.

Cuando expertos nacionales de alto vuelo y elevada responsabilidad institucional han llegado incluso a ocupar largas horas del trabajo de comisiones del Congreso para argumentar que los errores, la incapacidad y la falta de visión de la Oficina Oval son responsables de los muchos daños humanos en la nación a causa del nuevo coronavirus, Trump lo “resuelve” todo a escala de unas burlonas líneas en Twitter, mientras que con la ayuda del monstruo mediático que le apoya intenta recomponer los juicios colectivos por rutas afines a sus personales propósitos comiciales.

Así retoma los ataques y acusaciones contra China como “creadora y promotora” de la COVID-19 y contra la Organización Mundial de la Salud como “cómplice” de Beijing, todo a tono con su interés de descreditar al gigante asiático y dañar su imagen de potencia de primera línea apegada a la sensatez, la cordura y el respeto a las más elementales normas de convivencia internacional.

De manera que, según confirman no pocos expertos, las causas verdaderas de ese encono, junto a su peso como material electorero, “radican en factores políticos, económicos y de fuerte confrontación hegemónica, en momentos que el predominio estadounidense está siendo cuestionado en todo el planeta. Una preeminencia que sucumbe a la par del deterioro de la autoridad del mandatario norteamericano convertido en una caricatura de sí mismo”.

“China, subrayan las mismas fuentes, está golpeando las bases de lo que ha sido el poderío estadounidense tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, estableciendo alianzas comerciales con gran parte de los países del mundo, sin invasiones, ni agresiones militares, ni chantajes en el seno de los organismos internacionales”.

Y ante ese cuadro hay que escuchar al presidente de los norteamericanos afirmar por estos días que “la crisis del coronavirus le ha dado la razón en su confrontación comercial con el gigante asiático”, y que las muchísimas líneas bilaterales y globales de suministro con China deben ser desmanteladas de manera que sea los Estados Unidos quien las acapare “todas”.

Un esquema totalitario a nivel universal que encaja como anillo al dedo en lo que en materia de chantaje planetario podría significarle a su administración hacerse en exclusivo de la primera vacuna efectiva contra la COVID-19. Vale recordar que en ese sentido agentes gubernamentales gringos intentaron fallidamente monopolizar un posible candidato vacunal en estudio en laboratorios germanos.

Ahora se trata de que, al parecer, “la empresa francesa Sanofi —que controla más de un 90 % del mercado de las vacunas a nivel mundial junto a la británica GSK— y las estadounidenses MSD y Pfizer” acordaron poner en manos de Washington su posible preparado anti COVID-19 una vez que esté listo.

Según los ejecutivos de la citada entidad gala, dice una nota de la agencia AP, Estados Unidos paga bien por el desarrollo de las investigaciones y por tanto “tiene derecho al mayor pedido anticipado”, incluso, por encima de la propia Francia.

De hecho, y en algo muy propio en el mundo de los “negocios”, bajo el propio impulso monetario gringo, la Sanofi se asoció con su rival, la compañía farmacéutica británica GlaxoSmithKline, en la búsqueda de la vacuna.

En fin, todo un turbio e interesado entramado que, sin embargo, podría ser agua entre los dedos si China logra la primera vacuna, hoy en prueba de fase tres (la última antes de su posible adopción), o Rusia hace lo mismo con su candidato, cuya propiedad intelectual ya está en proceso de registro legal internacional, según informes desde Moscú.

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