De cómo cuatro mancebos ganaron su fama

Darwin, administrador del organopónico, no sobrepasa los 30 años. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

Frente al reparto Ángel Alberto Galañena, en La Fe, había un vez… un pequeño organopónico encantado, con un nombre hermoso: El Rodeo, donde un monstruo de mil cabezas y aliento venenoso –el marabú–, ocultándose entre tanta maleza, afilaba sus garras. Ocurría casi dos años atrás, al inicio de la pandemia; entonces un padre con dos vástagos ya espigados, tres guajiros orientales de pelo en pecho, pero sin conocimiento en agricultura urbana, descabalgaron de sus arrenquines imaginarios y arremetieron a machetazos contra tanta desidia.
Fin del cuento.

Hoy aquella hectárea de suelo improductivo es una tierra de promisión donde –aquellos tres cultivadores inexpertos a quienes se agregara luego un hombre de experiencia– sortean los avatares a fuerza de persistencia y van logrando que los canteros se colmen como debe ser, porque estamos justo cuando los frijoles son tan importantes como los cañones. Y frijoles significa también hortalizas o vegetales.

CUANDO TODO ESTABA POR HACER

“Estaba lleno de marabú, al fondo –recuerda el veinteañero Darwin Sánchez Reytor, el más carismático y mejor preparado en estudios, escogido por los demás para representarlos y llevar la administración del grupo– los canteros estaban desalineados, rotos, mezclados unos con otros. Y tuvimos que empezar casi desde cero”.

En esa etapa de la guerrilla se les une Guillermo Ávalos Aday, una verdadera adquisición en conocimientos; tan necesarios como el mejor fusil.

Más de seis meses de trabajo constante –aun sin cobrar un centavo– les llevó poner la tierra a punto para recibir las primeras semillas y a fuerza de regadera verlas prosperar.

La familia encabezada por Fidel Sánchez Reyes, con la guía de un práctico tan competente como Guillermo, subía la montaña y lograba crearse allí un predio en lo más alto; ahora merecían confianza, apoyo y respeto, estimulantes imprescindibles difíciles de lograr al comienzo de todo empeño.

LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ                                         

En menos de dos años cambiaron muchas cosas, no solo se arrancaron malezas a pie de surco, en la distancia y a otros niveles hubo una completa oxigenación del ambiente agrícola.

“Ya no estamos dejados a la buena de Dios o del presidente del consejo popular, como al principio –enfatiza Darwin–, cuando no teníamos agua suficiente ni sistema de riego. Para la remodelación actual hemos tenido el apoyo de la actual directora de la Granja Urbana, Idanis Viel Cuevas, y de manera especial de Daniel Rodríguez Parra, nuevo delegado de la Agricultura aquí; nos llama casi a diario, nos escribe, se preocupa por cómo van las cosas, qué nos hace falta. ¡Así se puede trabajar!”

EN UN AMBIENTE DISTINTO

Nunca dejar para mañana lo que se pueda hacer hoy, es la norma de cada jornada. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

Con estos aires vivificadores llegó el cambio en la manera de hacer, ahora terminan la cubierta en la segunda casa de cultivo rústica, un sueño para cualquier productor de organopónicos. “Sus siembras –puntualiza Danicel, hermano mayor de Darwin– tendrán luz solar atemperada y estarán a prueba de insectos, principales vectores de enfermedades. Podremos plantar variedades de otras estaciones del año, no habrá tiempo muerto (ese en que los huertos, por el intenso calor, tienden a rendir menos), la gama de ofertas será superior y, en definitiva, habrá más producción, mayores ingresos: la recompensa salarial de tanto esfuerzo”.

“Para terminar la segunda nave tenemos todos los insumos a mano –adelanta Sánchez Reyes, el aguilucho mayor de la familia–, y si no la hemos cerrado ya es por falta de tiempo; somos pocos y no podemos desatender los cultivos que van entrando en producción, pero en unos 15 días estará concluida y lista para la batalla”.

Su cosecha de estreno será ají chile, un picante muy fuerte que demandan casi todas las minindustrias para su combinación en salsas especiadas con tomate. “Fíjate si es bravo que hicimos una pequeña siembra como ensayo y por la polinización de las abejas a quienes sembraron ají cachucha en las cercanías ¡les salió más picante que el guaguao!”

OFERTA PARA FIN DE AÑO

“¿Qué cultivos nos dan mayor resultado? Unos cuantos –concreta el administrador del organopónico El Rodeo–, pero nos especializamos en col china, tiene mucha demanda y es la que más avanza; en menos de un mes sale al mercado.

El cabeza de familia trabaja tanto como los demás. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

“Para fin de año vamos a tener cebolla, lechuga, col china –por supuesto–, zanahoria, remolacha y muchas condimentosas o aromáticas. Un aporte modesto, un complemento, pero siempre bienvenido y capaz de darle un alegrón a cualquier mesa”.

Isla de la Juventud

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *