Cuba encabeza torrente de Río

DiegoPor Diego Rodríguez Molina

Desde Isla de la Juventud seguimos con mucho interés el discurso del Presidente cubano, Raúl Castro, en la sesión plenaria de la Cumbre de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, Río+20.

Tanto por su ejemplo como nación que tiene a la justicia social en el centro de sus transformaciones económicas y pone los avances de la ciencia y la tecnología al servicio de la salvación del planeta y de la dignidad humana, como por la valiente alerta de Raúl Castro para que “se impongan la sensatez y la inteligencia humana sobre la irracionalidad y la barbarie”

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DiegoPor Diego Rodríguez Molina

Desde Isla de la Juventud seguimos con mucho interés el discurso del Presidente cubano, Raúl Castro, en la sesión plenaria de la Cumbre de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, Río+20.

Coincido con colegas y vecinos con quienes intercambié, en que las personas con claro entendimiento de la situación climática y medioambiental actual, querrían ser representadas en Río de la manera que lo ha hecho Raúl, pero el orden mundial imperante impide que así pueda ser.
Las causas por las cuales hubo un primer encuentro, lejos de disminuirse, se han incrementado, por eso el mandatario cubano recordó con mayor desvelo las palabras de Fidel hace dos décadas (el 12 de junio de 1992) en que alertó: “una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”.

Por eso enfatizó Raúl en su breve y sólida intervención que “lo que pudo haber sido considerado alarmista, constituye hoy una realidad irrefutable. La incapacidad de transformar modelos de producción y consumo insostenibles atenta contra los equilibrios y la regeneración de los mecanismos naturales que sustentan las formas de vida en el planeta”.

Pero el orgullo que podemos compartir los cubanos en el avance de una estrategia consecuente por el desarrollo sostenible, queda relegado ante las serias divergencias del orbe en este sentido, principalmente por la falta de consenso entre países ricos y pobres en cómo financiar los proyectos que se quieren impulsar en la Río+20.

“La parálisis de las negociaciones y la falta de un acuerdo que permita detener el cambio climático global –precisó Raúl– son un nítido reflejo de la falta de voluntad política y la incapacidad de los países desarrollados para actuar conforme a las obligaciones que se derivan de su responsabilidad histórica y su posición actual” en momentos en que se incrementa la pobreza, crece el hambre y la desnutrición y aumenta la desigualdad, agravada en las últimas décadas como consecuencia del neoliberalismo.

En claro contraste con ese futuro incierto, el Presidente cubano pudo hablar de lo hecho aquí: del profundo y detallado estudio realizado durante los últimos cinco años por nuestras instituciones científicas y de las medidas emprendidas para hacer frente a la “paulatina y considerable elevación del nivel medio del mar en el archipiélago cubano” y prever, incluso, “la intensificación de los eventos meteorológicos extremos, como los ciclones tropicales, y el aumento de la salinización de las aguas subterráneas”.

Fue mayor su fuerza moral cuando apeló a dejar “las justificaciones y egoísmos y busquemos soluciones. Esta vez, todos, absolutamente todos, pagaremos las consecuencias del cambio climático. Los gobiernos de los países industrializados que actúan de esta forma no deberían cometer el grave error de creer que podrán sobrevivir un poco más a costa de nosotros.

“Serían incontenibles –alertó– las oleadas de millones de personas hambrientas y desesperadas del Sur hacia el Norte y la rebelión de los pueblos ante tanta indolencia e injusticia. Ningún hegemonismo será entonces posible” y con meridiana claridad precisó a las potencias capitalistas que esquivan hablar de sus astronómicos gastos militares y a modo de maquillaje intentan vender ahora la llamada economía verde, cual nueva trampa:

“Cese el despojo, cese la guerra, avancemos hacia el desarme y destruyamos los arsenales nucleares”.

En las palabras de Raúl Cuba encabeza el torrente de Río, tanto por su ejemplo como nación que tiene a la justicia social en el centro de sus transformaciones económicas y pone los avances de la ciencia y la tecnología al servicio de la salvación del planeta y de la dignidad humana, como por el valiente llamado para que “se impongan la sensatez y la inteligencia humana sobre la irracionalidad y la barbarie”.

 

 

 

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