Crónica al del Sombrero Alón

Flores-Camilo-11Luis Enrique se levantó este 26 de octubre más temprano que de costumbre. En compañía de su mamá y a escondidas arrasaron con el jardín de la abuela. Un ramo de rosas blancas adornó sus pequeñas manos en una fresca mañana.

 

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Foto: Gerardo Mayet Cruz

Luis Enrique se levantó este 26 de octubre más temprano que de costumbre. En compañía de su mamá y a escondidas arrasaron con el jardín de la abuela. Un ramo de rosas blancas adornó sus pequeñas manos en una fresca mañana.

Sus maestros y compañeros de la escuela estuvieron junto a él camino al río Las Casas, adonde acudieron a depositar una ofrenda de amor y respeto al inolvidable Comandante de la amplia sonrisa.

Camilo: el joven barbudo, de melena casi roja, flaco y somnoliento, con un enorme sombrero de fieltro, que recitaba a Lorca, cantaba canciones cubanas y se enamoraba todos los días, jamás se cansó de regalarnos su ternura y alegría, y nos ha acompañado siempre en el camino de la Revolución.

Una multitud de pineros hizo florecer el mar, los ríos, arroyos, presas y lagunas. Dondequiera que una corriente de agua recuerde el eterno fluir de la vida, se ven pétalos multicolores como expresión del cariño del pueblo.

De rodillas nos pondremos una vez, y una vez inclinaremos nuestras frentes…y será el día que lleguemos a la tierra cubana que guarda veinte mil cubanos para decirles: “¡Hermanos, la revolución está hecha, vuestra sangre no cayó en vano!”.

Esas fueron las palabras de Camilo Cienfuegos Gorriarán ante un millón de cubanos 48 horas antes de su desaparición física. Hoy las nuevas generaciones las escuchan y evocan a un héroe eterno de la Patria, que se mantiene vivo en la memoria.

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