Cristóbal entre pioneros y columnistas

Fotos: Víctor Piñero Ferrat

En Isla de la Juventud hoy se le conoce más por el nombre del estadio de pelota en la capital pinera y de la industria láctea que radica en La Fe, pero pocos saben del ímpetu y valor de Cristóbal Labra Pérez, quien perdiera la vida a la edad de 27 años el 23 de junio de 1966 cuando intentaba sofocar un incendio en un almacén de fertilizantes destinado a los planes ganaderos, en el poblado rural de La Reforma.

A las tierras de ese antiguo latifundio del sureste pinero, en manos del pueblo desde el mismo año 1959, había llegado el joven en junio de 1966 como parte de la columna agropecuaria Luis Ramírez López, con la misión de reconstruir el territorio pinero luego de las serias afectaciones del ciclón Alma a principios de mes.

Por eso en el mismo lugar donde muriera Cristóbal, los escolares de la comunidad junto a varios de aquellos columnistas depositan cada 23 de junio una ofrenda floral en recordación al joven que, procedente de una humilde familia de Candelaria, en el occidente cubano, luego del triunfo  de la Revolución, se integró a las Milicias y demás tareas, incluyendo la lucha contra bandidos en el Escambray, y no pensó dos veces en acudir al llamado de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) de restaurar de inmediato a la entonces Isla de Pinos.

Pero si altruista fue su respuesta y firmeza frente a las llamas que afectaban el incipiente desarrollo agropecuario local, no menos digna fue la decisión de uno de sus hermanos de ocupar su lugar.

“Yo le puse la boina de miliciano en el ataúd. Jaime Crombet, entonces primer secretario de la UJC, despidió el duelo. Antes de que lo sepultaran en el cementerio de El Guatao, en Punta Brava, La Lisa, el 24 de junio de 1966, me fui a ocupar el vacío que dejó en la Vaquería 16. Lo hice con la ropa que tenía puesta. Mandaron a parar el último avión que iba para la Isla, con el fin de que yo fuera”, rememoró en reciente entrevista Máximo Luis Labra Pérez, desde su finca en Artemisa, a donde regresó tras cumplir su misión.

A la ínsula donde murió Cristóbal vendrían después otros dos hermanos: Ángel y Bárbara, quienes tejieron nuevas etapas y vivencias al calor del amplio movimiento juvenil que aquí abrió camino, ensanchó fronteras y horizontes, levantó obras, industrias y repartos, multiplicó familias y continuó enriqueciendo la historia heroica abonada por Cristóbal y nutrida por sus seguidores.

 

Historia Isla de la Juventud
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

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