Creer en el mañana

Adriana y GerardoLa historia no deja de conmoverme, quizá porque soy de las que dimensionan las pequeñas cosas, cree en ese sentimiento dócil, cálido, fiero, sediento… de las que se estremece con una flor, deleita con un poema o una puesta de sol.

 

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La historia no deja de conmoverme, quizá porque soy de las que dimensionan las pequeñas cosas, cree en ese sentimiento dócil, cálido, fiero, sediento… de las que se estremece con una flor, deleita con un poema o una puesta de sol.

Desde hace años me pregunto cómo han podido burlar la distancia y el encierro, cómo mantienen vivo los recuerdos y ese cariño que en vez de languidecer se acrecienta y alcanza tamaña dimensión, esa  que solo la creatividad es capaz de lograr que cada uno forme parte del otro a pesar de los mares y las rejas.

El optimismo, la perseverancia, la confianza y el respeto, se han convertido en elementos cardinales para que se mantenga vivo ese amor de hace más de dos décadas; de hecho este 20 de octubre celebrarán esa unión de la manera en que la injusticia le impone desde hace 14 años.

Volverá a ponerse ansiosa, quién sabe si podrá escuchar su voz, la que como bien afirma “es lo que tengo hoy, pero me encanta oírlo reír, Gerardo tiene una sonrisa lindísima y lo disfruto muchísimo. Lo que más me gusta de él son las manos y su sonrisa. Sin embargo, la voz de Gerardo te transmite todo lo que necesitas. Hoy yo me conformo con la voz, pero extraño a Gerardo todo”.

Y Adriana Pérez O´Connor, la esposa de uno de los Cinco Héroes prisioneros en cárceles de máxima seguridad de Estados Unidos, precisamente por alertar a Cuba y al mundo de acciones terroristas engendradas en ese país, no le ha quedado otra alternativa que conformarse con las caricias llegadas a través de los escasos minutos de cada llamada.

“Me regala halagos, los mismos que iban acompañando a la rosa, siempre es algo diferente: un piropo, una broma, un poema, una canción, la llamada en sí, si no me regala eso me regala la risa, siempre es algo. No hemos perdido eso.

“Nosotros jugueteamos con el doble sentido, con el romance, con esa cosa pícara de las parejas. Todo eso nosotros lo vivimos… por teléfono, a nuestra manera. Hemos aprendido a hacerlo así, porque si no nos hubieran robado todo lo que teníamos. Y es lo que nosotros no permitimos”.

A Adriana y Gerardo el imperio les ha robado el tiempo, la posibilidad de procrear, tocarse, mirarse a los ojos, amanecer juntos; sin embargo, no le han podido arrebatar la esperanza y ese amor que crece porque todos los días es como si estuvieran juntos y creen en ese mañana que está por llegar.

 

 

 

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