Crean vida sin pedir nada

Foto: Diego Rodríguez Molina

Yanisleidis González, Adriana Álvarez, Vladimir Blanco y Jorge Luis Álvarez forman parte de los cientos que fueron estimulados en la jornada de homenaje a quienes al extender sus brazos salvan vidas y contribuyen a la fabricación de medicamentos imprescindibles.

Gracias al aporte desinteresado de más de mil pineros incorporados a ese movimiento popular organizado por los CDR junto a Salud Pública, el territorio no requiere desde hace más de 30 años de una donación de sangre de los familiares de los ingresados, pues existe aquí un banco con suficiente disponibilidad y seguridad que no baja de las más de 3 000 extracciones al año.

Es evidente el contraste con el orbe. Mientras Cuba logra un suministro de sangre enteramente basado en esas donaciones voluntarias, en América Latina y el Caribe solo el 41 por ciento de las entregas provienen de personas altruistas.

Las donaciones de sangre y de los componentes sanguíneos permiten aumentar la calidad de vida de los pacientes y llevar a cabo complejos procedimientos médicos y quirúrgicos.

Cada año las transfusiones de sangre y sus derivados contribuyen a salvar millones de personas en el planeta, incrementan la esperanza de aquejados con enfermedades mortales, al tiempo que son esenciales en la atención materno-infantil y ante desastres.

En correspondencia con esa superior utilidad de la sangre y el inmenso humanismo de quienes la entregan, familias y comunidades han convertido el Día Mundial dedicado a esas personas, el 14 de junio, en reconocimiento social como el otorgado al destacamento de donantes de La Fe, quienes comandados por Irmel Elías Labañino e integrado por 71 cederistas, aportan más de 200 extracciones durante el último año.

Los estímulos también llegan a los 28 hombres y mujeres que hacen ese aporte en la comunidad Orlando Gutiérrez, dirigidos por Onil Morales Peláez, y ratifican la condición de Centenaria.

No pocos centros de trabajo se suman y llegaron a la jornada con resultados que le valieron agasajos como los dedicados al Sector Militar Especial de las Far, la Eléctrica, varios órganos del Minint, pescadores, la Agricultura, entidades del Deporte y policlínicos, así como Etecsa y Automatización Integral.

Es mayor el agradecimiento cuando se conoce que no se trata de un simple aporte que en cada ocasión pueda salvar hasta cuatro vidas, entre otros beneficios, sino de uno imprescindible ya que la sangre no se puede producir ni almacenar por tiempo indefinido –no más de 45 días–, razón por la cual tan importante como la entrega misma es hacerla de forma sistemática.

Son resultados de un programa conjunto y que no puede olvidarse de alentar y cuidar a quienes ingresan al movimiento.

Esa gota no puede fabricarse, sin embargo proporciona lo más inmenso: vida, esperanza. Y en ella va la altura de quien la entrega sin pedir nada a cambio.

 

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Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

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