Contra el mosquito: responsabilidad y educación

A los cubanos por suerte no nos tocaron las grandes epidemias del Ébola o la Malaria pero, en su lugar, madre natura nos proveyó de un clima altamente favorable para la proliferación de uno de los vectores más comunes en la región americana, el mosquito Aedes aegypti.

Y ahora no vaya a pensar estimado lector que una vez más vamos a la carga con el discurso de la percepción de riesgo o mejor sí, piénselo, medítelo y tal vez así comprenda como dicen por ahí que la repetición es la madre de la enseñanza.

El punto de este comentario, aunque tiene que ver con los mosquitos, está más bien enfocado en la actitud individual ante las acciones realizadas por las autoridades sanitarias.

No le voy a negar que más de una vez he puesto mis ojos en blanco y rezongado por lo bajo cuando he escuchado el ruido de la bazuca cerca –anticipando los largos 45 minutos de espera en medio de nubes de humo que se empeñan en salir veloces por las ventanas y puertas de la casa–, sobre todo porque casi siempre me coincide con la limpieza, la hora de cocinar y con alguna siesta fuera de horario, pero, en casos como este la responsabilidad va por delante.

Tener claro que cumplir con la fumigación –no solo permitirla, sino también aguardar el tiempo reglamentado– es garantía de vida para usted y los suyos pero también para sus vecinos, representa un deber social y superior conciencia ante un peligro cada día más latente.

Algo similar ocurre ante el pesquisaje de síntomas febriles que con regularidad se realiza en las áreas de salud. Permítame decirle por si no lo sabía, que las manzanas escogidas para esta tarea no son dictadas al azar, sino que presentan altos índices de focalidad y por tanto resultan susceptibles a una trasmisión.

Entonces resulta ilógico que se den casos de personas que cierran las puertas ante la sola mención de “Salud Pública” o que se inventan excusas con tal de no medir su temperatura o responder a preguntas.

Quienes realizan este pesquisaje –por lo general fines de semana– también se cansan de caminar bajo el sol y tienen otras tareas, sin embargo velan por la salud del pueblo y por ello merecen mucho respeto, principalmente cuando se trata de enfermeras, doctores, técnicos y otros especialistas a los que luego en consultas exigimos una atención de excelencia.

La presencia del Aedes es una realidad con la que vivimos a diario y en algunos periodos más que en otros se enfatiza en su vigilancia por  nuestra propia seguridad. Los mensajes por los medios de comunicación, los barrio debates, el auto focal laboral y todas las acciones que con este fin se emprenden puede que le resulten excesivas y en ocasiones saturen, pero ello no puede ser pretexto para la irresponsabilidad y la falta de educación cívica.

Cumplir con lo que toca a cada quien es suficiente para librar la batalla contra el mosquito, de lo contrario resulta usted tan dañino como él.

Isla de la Juventud Opinion Salud
Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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