Construir una voluntad agrícola

marianela-opinionPor Marianela Bretau Cabrera

“¡¡¡¿Agricultura…construcción?!!!” expresa un amigo, con una mueca de rechazo en la cara, al mencionarle los dos sectores que más demandan fuerza de trabajo en el municipio y generarán empleos en los próximos años según el programa de desarrollo local.

 

marianela-opinionPor Marianela Bretau Cabrera

“¡¡¡¿Agricultura…construcción?!!!” expresa un amigo, con una mueca de rechazo en la cara, al mencionarle los dos sectores que más demandan fuerza de trabajo en el municipio y generarán empleos en los próximos años según el programa de desarrollo local.

Paradójicamente la cifra de empleados en estas áreas ha disminuido cada año según las estadísticas, pues en el 2005 existía un promedio de 1 704 trabajadores en el sector constructivo, mientras en el 2011 se registraron 1 296, denotando una problemática en cuanto a los anhelos profesionales de los jóvenes de hoy y la oferta de empleos en concordancia con la necesidad del territorio.

La Agricultura es la mayor afectada en este concepto, pues de las 4 043 personas vinculadas al sector en el 2005, disminuyeron a 2 519 en el 2010, aspecto a analizar y evaluar, pues recordemos que somos un país agrícola con antecedentes históricos y nuestro territorio urge de un fuerte desarrollo agroalimentario para abastecer a su población.

Lázaro, al igual que Karen, Laura y Julio buscan plazas laborales en la dirección de trabajo municipal, donde atienden todos los días en el horario de la mañana, pero no han encontrado alguna que le guste o le satisfaga su anhelo, pues no quieren trabajar en una entidad agrícola o constructiva, aunque no desean superarse ni desarrollar el trabajo por cuenta propia.

¿Quién los entiende? El Estado les da varias opciones: estudiar en la Universidad y licenciarse de alguna carrera para luego trabajar de acuerdo a su perfil, concluir el técnico medio en determinada especialidad y agenciarse alguna plaza en un centro de trabajo y hasta facilidades de crédito para laborar por cuenta propia en la modalidad que desee.

Sin embargo, no aprovechan esas oportunidades y simplemente esperan a que por arte de magia llegue el día de trabajar en una oficina, con aire acondicionado, óptimas condiciones de trabajo y un buen salario, tal como desea la mayoría de los cubanos, aunque sabemos que mejor se vive con los pies sobre la tierra y no en las nubes sin ganar un céntimo.

Y me pregunto ¿Por qué hay quienes no quieren sudar en el campo ni construir hospitales y comunidades? Somos, sin dudas, hijos de agricultores y constructores, los mismos que edificaron esta Isla, tras el paso del huracán Alma en 1966, esos que recogieron arroz, sembraron frijoles y cortaron malezas en los campos de toronja para hacer de este territorio un paraíso socioeconómico.

Nuestras raíces están latentes pero no podemos obviar tampoco los anhelos de muchos de trabajar en otros sectores como el Turismo, tan demandado por la juventud pinera, aunque sí deben ejercer mayor influencia en la formación profesional y de oficios desde edades tempranas en pos de elevar el significado de actividades como la construcción y la agricultura para el progreso del Municipio y del país en general.

Considero esencial el análisis de los factores que inciden en el rechazo de las personas al trabajo en entidades agrícolas y constructivas, así como fortalecer estas áreas para el vital funcionamiento y desarrollo de la sociedad cubana, para la construcción de un anhelo y una voluntad agrícolas.

 

 

 

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