Conozco a Fidel

Foto: Internet

Ser bióloga marina, arqueóloga o cualquier otra cosa que conllevara a la investigación científica era uno de mis sueños de niña. Hoy soy periodista y como diría mami, “quien te viera y quien te ve”, nada que ver con lo que un día imaginé; pero lo que no sabe es que mi profesión me regala el conocimiento de miles de investigaciones de otros, de innumerables historias y momentos para atesorar en el recuerdo de muchos.

Otro de mis sueños de la infancia era conocer personalmente a Fidel y ese por instancias de la vida y el tiempo, no pudo ser. Aunque si lo pienso bien, detenidamente, quién puede decir que no conozco a ese hombre grande de tamaño y de alma que aun en mis primeros años ya despertaba tanta admiración en mí.

Me niego a pensar que debía estar en su presencia para decir lo conozco. A él, al Comandante, lo encuentro escondido en las historias que mami me cuenta sobre su secundaria al campo, sobre los jóvenes de disímiles regiones que llegaron a hacer de esta Isla su hogar.

También a mi paso por la Universidad de La Habana lo hallé. Allí, mientras pisaba los mismos salones que alguna vez hicieron eco de sus pasos, cuando recibía el carné de la Federación Estudiantil Universitaria o cuando marchaba en un Primero de Mayo, ahí estaba él, a mi lado, al lado de su pueblo.

Lo que la historia narra sobre su vida me arraigó más el interés por su persona. Por más que le viera a través de letras en un libro o detrás del cristal de mi televisor, no podía sentirlo lejos.

La noticia de su partida me sobrecogió, me sacudió de golpe el sueño infantil de abrazarlo, mas me dio la confianza de que fui de las afortunadas de verlo hacer historia.

Se me antoja pensar en él como un duende, una criatura de leyendas que va escondido haciendo por todos sin necesidad de crédito o reconocimientos.

A las nuevas generaciones tal vez les cueste más sentirse identificadas y no las culpo, ellas no vieron como lo hice yo temblar una tribuna por la fuerza de sus palabras, mares de pueblo repetir hasta el cansancio “¡Viva Fidel!” no por decir consignas, sino por la fe que en él depositaban.

Hoy no está físicamente, pero nadie tema, su espíritu queda. Seguro usted como yo lo sabe, porque ese hombre de barba blanca con quien nunca pude compartir no es un desconocido, es sencillamente Fidel.

Fidel en el Corazón de los Pineros Isla de la Juventud
Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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