Confianza plena

Foto: Cortesía de la entrevistada

“Cuando supe de la expansión del coronavirus por la gran mayoría de los países, sentí temor al estar lejos de mi niño, pero confío en el sistema de salud cubano –que hará todo lo necesario para la erradicación de esta pandemia que tanto está afectando el mundo– y en mi familia que atienden y cuidan a mi pequeño”, dice a través del chat, vía Internet, la enfermera intensivista Yanet Cabrera Céspedes, de La Fe, quien se encuentra cumpliendo misión médica en la hermana Venezuela.

Como parte de las brigadas cubanas de batas blancas que se encontraban en varias naciones desde mucho antes de esta crisis sanitaria en el orbe y que hoy luchan contra la pandemia en geografías distantes de su familia y Patria, Yanet labora junto a otros cinco cubanos en la sala de terapia del CDI La Gran Colombia, en Caracas, y confiesa que sintió un poco de miedo cuando ingresaron la primera persona sospechosa de la COVID-19.

“Es normal sentirlo, pues es una enfermedad que ha causado cientos de miles de muerte y el personal de salud está en riesgo constante de contagio. Aquí nos preparamos de inmediato al saber del primer caso positivo en el país y comenzamos a accionar para minimizar los daños en el pueblo venezolano, en específico en esta área de los llamados cerros, con alrededor de 13 000 habitantes.

“Hacemos pesquisas diarias, casa por casa, para detectar casos sospechosos, los cuales son remitidos al CDI para realizar las pruebas correspondientes; además, se habilitó una consulta, alejada de las otras, para atender pacientes con enfermedades respiratorias; es obligatorio el uso del nasobuco para entrar al centro médico, igual que el lavado de las manos con solución desinfectante dispuesta en la entrada y salida de este”, explica la enfermera pinera, a la vez que me envía fotografías usando los medios de protección requeridos para el personal en terapia, preparados para la atención a posibles casos.

“Hoy (martes 24 de marzo) existen 84 positivos en Venezuela y 13 en el estado de Caracas, donde me encuentro, por eso extremamos medidas en pos de evitar la propagación y contamos con los recursos necesarios, –precisa la joven de 32 años, y prosigue–. Nos encontramos anímicamente bien y seguros de librar con éxito esta batalla, es súper aguerrido nuestro ejército de batas blancas”.

La joven madre, que dirigía el hogar de ancianos Andrés Cueva Heredia, antes de salir de misión en noviembre del 2019, confiesa también que no deja de pensar ni un minuto en su familia y amistades, a quienes los convida a cumplir lo orientado por las máximas autoridades.

“A mi niño le digo que, aunque su mami esté lejos, lo ama con el corazón, es momento de aplicar lo que le he enseñado, estoy orgullosa de él y confío en que será obediente y disciplinado”.

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