66 AÑOS DE LA HISTORIA ME ABSOLVERÁ

Concepto de pueblo en alegato de Fidel

Imagen de Archivo

Un sentido diferente tuvo la palabra pueblo desde que el doctor Fidel Castro Ruz la dijera al asumir su histórica autodefensa –de más de dos horas– frente al Tribunal de Urgencia, el cual lo juzgó aparte de las sesiones del juicio de la Causa 37, celebradas en el Palacio de Justicia en Santiago de Cuba.

Ese vocablo de seis letras estaba respaldado por la plena confianza del joven líder en las masas humildes y sufridas, quienes habían prestado su ayuda incondicional al abogado combatiente y a sus acompañantes.

Aquel 16 de octubre de 1953, un día antes de ser enviado a cumplir prisión a la entonces Isla de Pinos junto a sus compañeros de lucha, en la salita de estudio de las enfermeras del hospital civil santiaguero Saturnino Lora al pronunciar su alegato jurídico y político, reconocido como La historia me absolverá y devenido Programa del Moncada, expresó: “Se ha repetido por el gobierno que el pueblo no secundó el movimiento. Nunca había oído una afirmación tan ingenua y llena de mala fe (…) poco falta para que digan que respalda a la dictadura (…) Si el Moncada hubiera caído en nuestras manos, ¡hasta las mujeres de Santiago de Cuba habrían empuñado las armas!”.

Pero en el juicio no podía decir que los asaltantes de las fortalezas militares de la Ciudad Indómita y Bayamo eran de pura extracción popular: campesinos, obreros, estudiantes y profesionales modestos.

Fidel de acusado devino acusador: denunció los desmanes de la tiranía, los alevosos crímenes cometidos por la soldadesca con sus compañeros apresados el 26 de Julio de 1953, planteó la necesidad de luchar por alcanzar el poder político para resolver los problemas existentes en el país como los de la tierra, industrialización, la vivienda, el  desempleo, la educación y la salud, todo esto unido a la proclamación de José Martí, Autor Intelectual del Moncada.

Retomando la confianza del Máximo Líder en el pueblo vemos cómo hubo más ejemplos de fidelidad, pues la mayoría de los sobrevivientes de la brutal represión salvaron la vida gracias a quienes los escondieron en sus casas tras el sangriento día.

Otra prueba la tuvo Fidel cuando –junto a un pequeño grupo de compatriotas decididos a continuar la lucha– lo sorprendieron en un bohío dormido, exhausto. Fue el teniente Pedro Sarría Tartabull quien respetó la vida del líder y desafió a sus superiores para salvar la integridad física del prisionero. El honorable oficial representaba una excepción dentro del ejército corrompido de Batista.

Esas mujeres y hombres solidarios en momentos tan difíciles ingresaron al Ejército Rebelde o a los núcleos clandestinos. Ellos estaban comprendidos en la concepción de pueblo de Fidel en que en vez de prometerle le decía: “Aquí tiene, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sea tuya la libertad y la felicidad”.

El histórico alegato de autodefensa mantiene su vigencia y distingue por su profundo carácter democrático, popular y antimperialista que unió y elevó la conciencia política del pueblo, partícipe en echar a andar el “motor pequeño” que puso en movimiento el “motor grande” de la lucha armada. Resultó el primer programa triunfante de la Revolución Cubana, concebida esta como un proceso ininterrumpido iniciado por Carlos Manuel de Céspedes el Diez de Octubre de 1868 hasta nuestros días. Es el programa germinador de José Martí hecho realidad por la Generación del Centenario.

Historia Isla de la Juventud Opinion
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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