Con hombres de acero no hay candela brava

 

 

  • El 10 de abril de 1959, a solo tres meses del triunfo de la Revolución, se dicta la Ley No. 239: “Plan de Repoblación Forestal por el Ejército Rebelde” que asentaba “planificar la recuperación, conservación, fomento y aprovechamiento de los recursos naturales renovables del país”, aunque se adopta en julio de 1978 el nombre de Cuerpo de Guardabosques, subordinado dos años después al Ministerio de la Agricultura y desde 1994 como fuerza del MININT.

 

Mantener la técnica en óptimas condiciones es tarea de todos
Foto: Pedro Blanco Oliva

Parecía que sería un día apacible, en vísperas del 10 de abril, aniversario 60 de la creación del Cuerpos de Guardabosques de Cuba.

Cuando llegamos a la jefatura del Circuitof Norte (desde la ciénaga de Lanier hasta punta Los Barcos) y donde también radica la unidad de Manejo del Fuego, a pesar de lo temprano de la mañana ya la brigada había partido para sofocar pequeños focos surgidos en las inmediaciones del hotel Colony.

El combate es constante para silenciar a las llamas
Foto: Pedro Blanco Oliva

Peligraba mi reportaje a no poder ver en acción a estos hombres enfrentados directamente con las llamas.

Ante la espera de la camioneta que nos trasladaría al lugar entablé animado dialogo con Lorenzo Leyva Batista, técnico en protección forestal y con 25 años de experiencia en estos trajines.

Mientras hablaba de sus funciones en el asesoramiento a la jefatura sobre estrategias de enfrentamientos a las ilegalidades, mi impaciencia crecía por partir lo más pronto posible.

OLFATEANDO EL HORIZONTE

Al fin salimos, la conversación se hizo amena durante el trayecto de aproximadamente 20 kilómetros, sin embargo mientras conversábamos  mis acompañantes no cesaban de atisbar hacia el horizonte, olfateaban algo.

Fue Lorenzo quien divisó a lo lejos el casi invisible hilillo de humo. Llegamos y como suponía ya habían sofocado el incendio, pero había otra afectación más importante.

“Carro uno para 50, siniestro en las cercanías de La Melvis, específicamente detrás de la cochiquera”, comunican por la planta. Partimos de inmediato.

OPERATIVO EN MARCHA

El operativo estaba en marcha, casi no hubo tiempo para degustar el pan con carne rusa y el agua fresca. Las mochilas amarillas y cargadas para no perder un segundo se confunden con el ajuste de los trajes y cascos del mismo color.

El acercamiento al lugar dejó ver su magnitud. No puede llegar al cerro, repetían los brigadistas una y otra vez, mientras se adentraban por entre las columnas de humo y llamas.

Cuando la situación se torna peligros es necesario accionar con la manguera
Foto: Pedro Blanco Oliva

Jadeantes salían una y otra vez del monte. Hubo un momento que fue necesaria la manguera en un área muy peligrosa.

Yo no me acercaba mucho, pero en ocasiones sentía el calor intenso y las cenizas pegadas a mis pantalones. Era necesario tener buenas fotografías.

INCENDIO SOFOCADO

Allí todos trabajan con el sudor y la negrura pegada en la cara y los trajes. Los operadores aceleran el llenado de las mochilas y al fin luego de incesante lucha por casi tres horas sin descanso y en medio de un calor sofocante Osmar Martínez Almaguer, jefe de brigada, pronuncia las palabras esperadas: incendio sofocado.

Misión cumplida, el incendio ha sido sofocado
Foto: Pedro Blanco Oliva

SIN PRESION NI TENSION

Cumplida la misión, todos caminan juntos por el camino, han vencido una vez más a la magia de la naturaleza o a los mal intencionados o a los negligentes que no hacen un uso adecuado del fuego.

Ahora comienzan las bromas: ya casi no puedes con las mochilas, si hubieras empezado como te dije, abríamos terminado más pronto y otras jocosidades.

Lo cierto es que son un colectivo especial, que actúan como uno solo y con mucha autoestima y lo digo porque cuando estaba lo difícil escuche en más de una ocasión en medio del crepitar de las ramas quemadas un “cuídate negro”, “cuidado por ahí…”. Huelgan las palabras.

Todos, incluidos los operadores, aceleran el llenado de las mochilas
Foto: Pedro Blanco Oliva

RETORNO A LA UNIDAD

Son las cuatro de la tarde, nadie se preocupa por el almuerzo, aunque el hambre comienza a conspirar contra los estómagos. La preocupación principal son las nubes negras en el cielo que presagian una lluvia que no acaba de caer.

Una mirada en dirección a La Fe ya alegra corazones porque al parecer hay chubascos en la zona y esos, de generalizarse, proporcionaran descanso por unos días antes del comienzo de la etapa lluviosa.

Al llegar Miseyda Batista Meriño (cocinera) y Yelena Suárez Guevara (administrativa) esperan solícitas para servir el almuerzo, son una retaguardia segura para reponer fuerzas después de intensa jornada.

Me percato entonces que el camión pipa que reparaban en la mañana los mismos guardabosques está listo para nuevas misiones. Ahora la técnica está disponible en su totalidad.

EN LA MESA

En la mesa de redacción en mi casa no pierdo tiempo, es necesario mostrar todos los detalles del accionar del valeroso grupo y que es necesario mencionar por sus nombres: Osmar Martínez Almaguer (jefe de brigada), Eduardo Guerrero Aroche y Senén González de la Torre, ambos operadores de la técnica, y Pablo Fernández Santana, Ramón del Toro Vega, Yoismel Martín Rodríguez y Ernesto Peña Naranjo, guardabosques.

Antes de partir quise hacer una pregunta a Oscar Ávila Suárez, jefe del circuito. Su opinión del colectivo que dirige:

“Un colectivo ejemplar y comprometido, para ellos cumplir su misión es lo esencial y por eso donde haya una columna de humo. Allí estaremos y cuando la naturaleza susurre podrá contar con nosotros”.

Me fui seguro, los vi actuar con serenidad y aplomo, sin temor, con decisión, mostrando una alta preparación. Están conscientes de que preservar el medio ambiente es imprescindible para la existencia humana. Es ahí su rol en la Tarea Vida.

Ellos hacen mucho más que extinguir incendios, realizan labores de asesoramiento preventivo e irradian con su ejemplo a las presentes y futuras generaciones.

Después me vino a la mente una frase que enuncia este trabajo y que repetiré, la sé desde hace muchos años y la escuche de boca de mi abuela: Cuando hay hombres de acero, no hay candela brava.

 

 

Isla de la Juventud
Pedro Blanco Oliva
Pedro Blanco Oliva

Licenciado en Literatura y Español en la universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomado en Periodismo con más de 40 años en la profesión

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