Con el corazón hecho añico

karelia-alvarez-rosell Por Karelia Álvarez Rosell

Ando con el corazón hecho añico, las imágenes que muestran muchos medios de comunicación son demasiado fuertes.
Pienso hoy en los niños y madres, en esas familias del llamado Cuerno de África, cuyos rostros y miradas no pueden ocultar tanta angustia y sufrimiento.

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karelia-alvarez-rosellPor Karelia Álvarez Rosell

Ando con el corazón hecho añico, las imágenes que muestran muchos medios de comunicación son demasiado fuertes.


Pienso hoy en los niños y madres, en esas familias del llamado Cuerno de África, cuyos rostros y miradas no pueden ocultar tanta angustia y sufrimiento.


Ellas sí saben de hambre, de renunciar a un pedazo de pan para que al menos sus hijos o uno de ellos no duerman con el estómago pegado al espinazo como bien decía mi abuelita cada vez que hablaba de la situación en Cuba cuando Fulgencio Batista estaba en el poder. Estas familias sí conocen el dolor, pues muchas veces han tenido que abandonar a sus críos en medio del camino por no poderlos alimentar o porque saben de su padecimiento y temen verlo languidecer entre sus brazos.


Somalia, es una de estas naciones que padece de hambre, de una hambruna extrema, y entre los pobladores más vulnerables sobresalen las féminas y los niños; quienes muestran alarmantes índices de malnutrición.


Según las Naciones Unidad, el estado de hambruna es declarado cuando al menos el 20 por ciento de los hogares de una región sufre carencias alimentarias extremas con escasas capacidades para enfrentarlas, así como malnutrición aguda de un 30 por ciento de la población y un promedio de dos muertos cada 10 000 habitantes por día.


Sin embargo, las cifras en ese país suelen ser mucho más espantosas ya que el flagelo amenaza a casi la mitad de sus aproximadamente ocho millones de habitantes.


Para que se tenga una idea, tan solo en la zona austral aloja a unos 310 000 infantes severamente desnutridos y en otras regiones  mueren al menos seis de cada 10 000 menores de cinco años de edad.


La guerra a la cual está sumida la nación desde 1991, la intensa sequía y los tentáculos del capitalismo donde los ricos son cada vez más ricos y los pobres, mucho más pobres, son los máximos responsables del desgarrador panorama.


Cuando en Somalia sobran las historias aterradoras las grandes potencias, encabezadas por Estados Unidos, destinan millones para alimentar la carrera armamentista en diversas regiones y muy en especial en esta zona estratégica para el transporte de mercancías y petróleo.


Me pregunto cuántas pequeños, mujeres y ancianos se hubieses podido salvar si los países ricos no se hicieran los de la vista gorda o, mejor, los ciegos ante tanta miseria, deshidratación, infecciones y hambre acumulada.


Ahí, a la vista de todos, están los infantes y las féminas de este punto de la geografía africana, dándonos penosas y viejas señales.

 

 

 

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