Como escudera por el agro

Con estos calores ya uno no sabe qué alimento comer y aunque en verdad el estómago y el cuerpo piden refrescos, batidos, granizados o helados, decidí elaborar un ajiaco, uno de los platos más sabrosos y distintivos de la culinaria criolla, en el cual se encierran alrededor de 500 años de historia: mezcla de razas, culturas e idiosincrasias, de la cual la cocina cubana no pudo escapar.

Como antes de la elaboración hay que disponer de los ingredientes, me dispuse a ir tras las viandas y cuanto condimento y vegetal me pudiera servir para el suculento manjar. Y como iba a un fuerte combate, mi traje de buen escudera no podía faltar.

Cerca de mi casa las ofertas estaban deprimidas, suceso que me obligó a trasladarme hasta el Mercado Agropecuario Estatal El Bosque, que dicho sea de paso, es sometido a una reparación como parte de un programa que ejecuta la Empresa Agroindustrial en aras de mejorar el confort y servicio de los puntos de venta existentes en la localidad.

¿Los boniatos no son por libras, por qué los tienes en bulticos?, le pregunto a un vendedor, quien me responde malhumorado que él los vende así. Insisto en que quiero hacer un caldo y no necesito el bultico a diez pesos, pero además con muy mala calidad.

Mientras llegábamos a un consenso, me cuestiono ¿para qué tiene la pesa encima de su improvisado mostrador?, ¿y el listado de la oferta con el precio según la calidad de los productos, tal se establece en la Resolución 127 del Ministerio de Finanzas y Precios, el cual regula los valores mayoristas y minoristas en la comercialización de productos agropecuarios, incluyendo el consumo social y la distribución en la red de mercados?

“Coge este boniato y dame cinco pesos”, dijo finalmente y como mi propósito era el acopio de viandas para mi ajiaco, lo eché en la jaba y fui hacia otro mostrador, donde la oferta no eran las calabazas enteras sino en pedazos, como estrategia para que el cliente no colapsara, pues cada “cuña” ascendía a diez pesos, así que ni pensar en cuánto podía llegar a costar este vegetal.

Había maíz y esos sí fueron a la pesa,por suerte su valor no sobrepasó los cinco pesos. Lo digo porque muchos de los que hoy exhiben sus mercancías agropecuarias lo hacen a partir de las nuevas medidas de medición como los llamados bulticos, los cuales tienen gran fijación con el número diez.

Menos mal que escaseaban las ofertas como el dinero en mi deprimido monedero. Luego de husmear y batallar como buena escudera por varias tarimas me retiré a preparar ese caldo, al cual ante la ausencia de viandas iba a llevar el mejor de los ingredientes: corazón.

Varios han sido los intentos por enderezar la comercialización de productos del agro; sin embargo, al parecer no hay quien la entre en cintura, pues de la manera en que llega al pueblo, semeja desorden brotado al amparo de la oferta y la demanda que tiene distorsiones, vicios, abuso, hasta guapería y maltrato.

La producción agrícola tanto ese trío llamado comercialización-calidad-precio debe tener mayor control y seguimiento, porque si bien al Estado se le va la vida en la compra de alimentos que pueden obtenerse en los campos locales, la familia trabajadora, en esta ardua batalla de la oferta y la demanda, pierde por no presentación o nocaut.

De que urge avivar todavía más la agricultura como perfeccionar la producción es más que evidente, sobre todo para que quien trabaja la tierra muchas veces no venda sus cosechas “por la izquierda”, no proliferen los precios exorbitantes y el cliente tenga que vestirse de escudero para evitar que el bolsillo desangre a la hora de adquirir viandas u hortalizas.

 

 

Opinion
Karelia Álvarez Rosell
Karelia Álvarez Rosell

Licenciada en Defectología en la Universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomada en Periodismo con más de 30 años en la profesión.

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