Colmenita retozona en el “encierro”

Ailén concierta con el sonidista el vuelo de su enjambre previo al azote de la COVID. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

Fundó el proyecto La Colmenita Retozona, agrupación artística infantil con perfil diferente y que ha representado a su Casa de la Cultura en diversos escenarios santafeseños y otros poblados.

Acicalada de abejita como las demás − antenas, licra negra, vestido con rayas amarillas− y mezclada con el resto de la colmena parece una niña del mismo grupo, quizás un tanto crecida; quien así piense estará lejos de la verdadera instructora de arte que es ya Ailén Ballester Galarza.

Cuando actúa en solitario y canta esas canciones fuertes que componen su repertorio, con voz potente y bien timbrada, entonces se crece y resulta una mujer tan grande como la más alta; madre inclusive de una pareja de actores en su Colmenita

Ailén acaba de rebasar una experiencia fuera de toda expectativa: estar con los suyos y sus problemas de salud en una cuarentena doble, sin poder salir ni al patio de su casa, enfrentados al nuevo coronavirus dentro del cerco, en el reparto Ángel Alberto Galañena.

“Nos tranquilizaron el estrés con tantas atenciones –precisa– los estudiantes de Medicina en la pesquisa diaria y detrás la visita de los médicos, al tanto de quien los necesitara. Y los jóvenes mensajeros, con afecto, preocupándose por que nada nos faltara. Un trabajo enorme, atender 13 edificios con 559 apartamentos, arriesgándose al contagio a pesar de las medidas.

“Si algún día se les reconociera esto en un monumento –agrega– quisiera verlo bien grande, como para que nadie lo olvide… Sé lo que digo: mis niños son alérgicos, ¡uno asmático! Hasta trajeron el medicamento montelukast, que no estaba en farmacia”.

Luego nos habla de cómo emplearon el tiempo en familia: hacían ejercicios gimnásticos, estudiaron música, repasaron las asignaturas de la escuela, veían televisión, jugaron ajedrez y parchís, hacían dulces, cantaban a dúo o en solitario, ensayaban los papeles de cada uno en la puesta teatral de El camarón encantado, preparaban los números a presentar en la primera peña cultural del barrio al retornar a la normalidad, bailaban… Y al sentirse creativos siempre lograron ganarle al aburrimiento. Esa fue su receta. La que recomienda a cualquiera en situación semejante.

“Fue muy importante esta experiencia –concluye–, comprendíamos que se estaba protegiendo la salud de todos nosotros. Y fue bueno porque mi esposo es quien sale a buscar las cosas. Cada vez que salía era una preocupación inmensa… ¿habrá contraído la enfermedad, la traerá a la casa? ¿Y los niños? Eran las noches enteras con esa preocupación… hasta que cercaron nuestra zona. Fue lo mejor que pudo pasarnos. No podíamos salir, pero el contagio no tenía cómo llegar hasta nosotros”.

COVID-19 Isla de la Juventud Cultura Isla de la Juventud

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *