Ciencia y conciencia por el futuro

La búsqueda de estrategias para potenciar el desarrollo económico del territorio en el contexto actual constituye una prioridad, motivo suficiente para que en este cometido se imbriquen la voluntad de las autoridades locales con los saberes de la comunidad científica pinera.

Y me permito aclarar que son muchos los actores sociales involucrados en esto pues la comunidad científica, pese a algunas creencias, no se circunscribe solo a los profesionales del Citma y la Universidad, sino que abarca diferentes sectores como la industria, la salud y el deporte, centros desde donde también se hace ciencia.

Durante el primer taller de “Ciencia y conciencia por el desarrollo económico” aquí, quedó patente que en ocasiones el interés -por parte de los investigadores- de proyectar estudios que solucionen problemáticas territoriales está limitado por varios factores.

Dificultades con el reconocimiento del papel importante de la ciencia, la tecnología y la innovación en todas las esferas del Municipio, no prestar mayor atención a la formación y capacitación de profesionales, así como incidencias que no permiten el completamiento y la estabilidad del potencial científico son solo algunos de ellos.

Lo cierto es que en los últimos años se ha dado el caso de que por la poca estimulación a la creación científica y la falta de visión de algunos directivos se engavetan proyectos de calidad y con ellos las motivaciones para seguir investigando, o que proyectos de tesis de estudiantes, aplicadas con éxito para el ejercicio de graduación, una vez culminado éste son obviadas sin importar su funcionalidad.

Otra cuestión que vale la pena revisar es la planificación de la ciencia y los presupuestos asignados a ella desde las mismas empresas, cosa que aquí no ha funcionado mucho en el último quinquenio.

Si bien las unidades de ciencia buscan un acercamiento a las entidades locales, a partir de las necesidades de estas últimas debe surgir la planificación de investigaciones que le tributen.

Buenos ejemplos existen. En la Isla acciones como el correcto manejo de productos químicos y desechos peligrosos aplicados por diversos organismos -luego de recibir cursos de adiestramiento- han supuesto pasos de avance tanto para el desarrollo de dichas entidades como para programas estratégicos como lo son la Tarea Vida.

Igualmente ocurre con los dos proyectos en plan de aplicación con la papa, un producto de alta demanda que resulta muy esquivo en esta ínsula.

Es este un momento de hacer, a eso está llamando la dirección del país. La crisis sanitaria que representó el coronavirus en su inicio se ha convertido en algo mucho más grande y peligroso, una crisis económica de enorme proporción y que a nosotros nos afecta el doble porque estamos también sometidos a un bloqueo irracional.

Aprovechar cada aporte que nos pueda dar la ciencia y sus profesionales se traducirá en una anhelada soberanía alimentaria, en mejores condiciones de vida para el pueblo pinero y con ello en limitar su migración hacia otras partes del país, porque hay que tenerlo en cuenta todo.

Es este un territorio envejecido y necesitado de sangre joven. Alcanzar el desarrollo económico no significa solamente que vivamos bien hoy, sino que creemos las condiciones para la sostenibilidad a largo plazo del territorio y su sistema social o lo que es lo mismo, que los pineros quieran quedarse en su tierra porque aquí tienen satisfechas sus necesidades.

Ciencia y Tecnología Isla de la Juventud Opinión
Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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