Centenario de Celia del pueblo

Aquella menuda chiquilla que le gustaba siempre hacer el bien y correr entre los charcos de agua dejados por la lluvia, nació el nueve de mayo de 1920, en Media Luna, Granma.

Ya adolescente Celia Sánchez Manduley aprendió a bordar, tejer y dibujar de manera impecable; sin apenas percatarse dio paso a la joven que efectuó un censo de los niños pobres de su pueblo para garantizarles un juguete nuevo y en otra ocasión envió, dentro de unos cigarrillos diminutos, mensajes de aliento a los asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes cuando esperaban para ser enjuiciados.

En el centenario del natalicio de José Martí, en 1953, había acompañado a su padre el doctor Manuel Sánchez Silveira a colocar en el pico Turquino un busto en bronce de José Martí,  modelado por la escultora Lilia Jilma Madera Valiente, para que el Apóstol señalara el buen camino a las generaciones de cubanos.

Vinculada a la lucha en 1956 se cortó el cabello para destinar al Movimiento 26 de Julio los 25 pesos ofrecidos en una peluquería y también se valía de La historia me absolverá, para dársela a las personas y persuadirlas de entregar fondos a la Revolución.

Su venerable maestra –nieta de mambises– le contaba acerca de las heroicas gestas independentistas y le enseñó los secretos de cómo dirigir con tino y economía un hogar, conocimientos que le resultaron útiles y la convirtieron en eficaz colaboradora de Fidel en la Sierra Maestra al ella ocuparse de los abastecimientos, gastos, la repartición del ganado entre los campesinos de las zonas liberadas, los talleres para la confección de uniformes verde olivo y contribuir con las tareas del Pelotón Femenino Mariana Grajales, integrado por mujeres temerarias.

Aquel buen gusto y cultura del detalle de su juventud, la inspiró tras el triunfo a diseñar los uniformes escolares, desarrollar en Cuba la alta costura y a fundar la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado con la documentación de la lucha insurrecta; imprimió su sello personal en la edificación del Parque Lenin, el Palacio de las Convenciones y un sinfín de instalaciones culturales como de las artes plásticas, sociales, museología, artesanales, entre otras.

La legendaria guerrillera rehusaba los homenajes y aparecía poco en público; sin embargo, todos la hallaban presente por su vocación de servir, por el noble gesto de amparar a los hijos de combatientes caídos, a los niños huérfanos; por su sensibilidad humana, por su contacto permanente con el pueblo, que confiaba en ella y ante cualquier peloteo burocrático decía: “Voy a escribirle a Celia”.

Al cumplirse este sábado nueve de mayo el centenario del natalicio de la Heroína de la Sierra y el Llano su ejemplo se multiplica en las mujeres que libran decisivas batallas en todos los frentes, en particular ante la COVID-19.

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Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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