Carta de Fidel desmiente al tribunal

“¡Señor presidente, señores magistrados, quiero llamarles la atención sobre un hecho insólito! ¿Qué garantías puede haber en este juicio?, ni a los peores criminales se les mantiene en una Sala que pretenda ser de justicia en estas condiciones, no se puede juzgar a nadie así esposado…”.

Esa es la reacción del joven abogado Fidel Castro Ruz, jefe del movimiento revolucionario devenido luego en Generación del Centenario. Al unísono levanta sus brazos cautivos y muestra al Tribunal de Urgencia en el Palacio de Justicia de Santiago de Cuba, donde inicia el Juicio del Moncada o Causa 37, debido a los sucesos del 26 de Julio de 1953. El Tribunal ordena que les retiren las esposas a él y a sus compañeros. Fidel también solicita asumir su autodefensa, lo cual aceptan.

A la primera y segunda sesiones lo conducen como principal encartado, pero Batista y sus secuaces no permiten que el líder continúe asistiendo al juicio.

El 26 de septiembre de 1953 comienza la tercera sesión con Fidel  ausente, el capitán miente al alegar que estaba enfermo; la acusada y abogada Melba Hernández –tras burlar la vigilancia carcelaria–extrae de su cabello una carta de Fidel dirigida al Tribunal.

En esta el líder denuncia toda esa falsedad, reclama el cese de la incomunicación total a que ha sido sometido durante varios días en la cárcel de Boniato y finaliza: “Un principio justo desde lo hondo de una cueva puede más que un Ejército”.

La periodista Martha Rojas en su libro El juicio del Moncada refiere que fue un momento revelador, pues Melba, junto a Haydée Santamaría, igualmente presente, eran testigos excepcionales de los asesinatos de Abel Santamaría, el doctor Mario Muñoz y con una sola excepción –el jovencito Ramón Pez Ferro–, de todos los demás compañeros que ocuparon la retaguardia del hospital civil el 26 de Julio comandados por Abel y que sumaban dos decenas.

El tribunal corta la posibilidad de que la portadora de la epístola pudiera dar más explicaciones, admite la misiva, plantea que estaría a disposición de los abogados y ordena que se incluya en el sumario. Las vistas orales continúan hasta el seis de octubre.

A Fidel lo juzgan nuevamente el 16 de octubre de 1953, en la salita de estudio de las enfermeras del hospital civil santiaguero Saturnino Lora, donde asume su autodefensa, alegato jurídico político, reconocido como La historia me absolverá.

El tribunal dictamina 15 años de prisión. Llega al otro día a la cárcel de Isla de Pinos, donde reconstruye el documento que se imprime y distribuye de forma clandestina en 1954.

Historia Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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