Carne de ciclo corto

Lo ha contado Elena Ponyatoska en su libro sobre Tina Modotti, la compañera de Julio Antonio Mella. Stalin, frente a un país devastado por la II Guerra Mundial, orientó la cría intensiva de conejos y esto salvó a los soviéticos de la hambruna subsecuente.

Hoy nuestro Presidente de la República alerta de que no podemos predecir hasta dónde habrá de afectarnos esta otra contienda mundial, la del nuevo coronavirus. Y ha sido muy específico: solo podremos contar con lo que seamos capaces de producir; lo demás, lo que venga de afuera, dependerá de los proveedores, de su disponibilidad, de los precios que demanden y de nuestra capacidad de pago.

En tal contexto, y cuando todavía el tiempo juega a nuestro favor, vale prestar atención a la experiencia soviética de referencia.

“Una reproductora aporta de 40 a 55 animales al año -nos ilustra Osmar Enrique Garcés González, criador con unos 20 años de experiencia en la cunicultura-. Y cada uno se sacrifica sobre los cinco  meses, cuando aporta de 2,5 a 3 kilogramos de carne limpia. Ningún otro terrestre puede darnos tanto en menos tiempo. Y además con una conversión perfecta, económica, a partir de forrajes, subproductos industriales, desechos de cocina y un mínimo de suplemento dietético”.

Quien lo asegura sabe muy bien a qué se refiriere, tiene ahora más de 450 cerdos en su finca La Reina (CCS Ovidio Pantoja) y al cierre de diciembre aportó 34 toneladas de esa carne. Como otros criadores interesados en su reorientación productiva, no tiene hasta ahora cómo adquirir el alambrón y la malla apropiados para confeccionar las jaulas.

“Si no pueden darnos en cantidades suficientes -sugiere-, podríamos reparar los jaulones que se usan para la captura de langostas, rotos o en desuso. Pintados, fuera del agua y bajo techo, duran bastante”.

No será todo, por supuesto. Lo que falte puede lograrse con una visión de conjunto que se adopte por aquellos a quienes compete, orientada a impulsar la cunicultura y al acopio inmediato de los materiales dispersos, facilitándolos a los productores. Existen la experiencia y voluntad de hacer, recursos valiosísimos para tener más alimentos.

Osmar alimenta a su última camada.

“Hoy resulta muy difícil criar cerdos debido a la inestabilidad en los piensos. Por eso, cuando entregue los de este convenio -concluye Osmar Enrique-, pienso volcarme a la cría de conejos. Habrá que convertir las naves en grandes conejeras, estoy seguro será la solución al problema de la carne”.

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