Carga de aliento

Fuimos el vehículo para hacer palpitar corazones en medio de un momento tenso, expresó Uberlandis César. Foto: Yesmani Vega Ávalos

Los oídos de esas personas aisladas en la conocida “zona roja” necesitaban escuchar música como símbolo de alegría y deseos de vivir, nosotros fuimos el vehículo para hacer palpitar sus corazones en medio de un momento tenso. La canción Resistiré identificaba nuestra llegada, de forma espontánea salían a los balcones a aplaudirnos.

Así lo comenta Uberlandis César César, montador de audio de la Unidad de Propaganda del Comité Municipal del Partido, a quien desde finales de abril las rutinas productivas le convirtieron su camión de carga de vallas y carteles en plataforma de aliento y de cuantos acontecimientos se suscitaron.

Fue un desafío para todos, en busca de las nuevas dinámicas que les impuso la batalla para contener al nuevo coronavirus.

He asegurado de forma material decenas de momentos políticos, culturales, sociales y de diversos géneros en mis 16 años de labor en este centro que ya cumple cinco décadas, pero jamás pensé –confiesa Yuvislandi Galindo Martínez– verme vestido con una bata larga y botas verdes, gafas y otros “resguardos” para hacer colgar desde lo alto del cuarto piso del hospital una bandera cubana y la del 26 de Julio.

Él es montador de acto, uno de los primeros en llegar a las actividades y de los últimos en marcharse, pues detrás del empeño y la profesionalidad puestos en la actividad propagandística y de comunicación social, los éxitos en promover la unidad del pueblo en torno al Partido y la Revolución serán más efectivos, al igual que el llamado a la disciplina en las medidas frente a la COVID-19.

Roberto Carlos, conocido como el Ruso, fue el chofer encargado de trasladar la “carga pesada” de seis kilogramos de audio. Foto: Cortesía de la entidad

Desafiamos el sol, aguaceros, lugares lejanos, caminos irregulares, cables en cortes, problemas en el motor y hasta peligros con la electricidad en días lluviosos. Colocamos cuatro bafles grandes encima del vehículo, remolcamos un grupo electrógeno y protagonizamos lo mismo el aniversario 65 de la excarcelación de Fidel y demás Moncadistas del Presidio Modelo, los levantamientos de áreas en cuarentena, que la celebración por el Día Internacional de la Infancia.

Con cuatro bafles encima del camión y un grupo electrógeno remolcado, Propaganda llegó a disímiles lugares. Foto: Cortesía de la entidad

Lo anterior lo grafica Roberto Carlos Quintana Puché, conocido como el Ruso, chofer encargado de trasladar esta “carga pesada” de seis kilogramos de audio; sus palabras destacan la constancia y tenacidad del colectivo con más de 30 rostros, quienes durante los 365 días del año garantizan sus variadas misiones.

Y es que en la Unidad de Propaganda del Partido entregarse a cualquier empeño resulta habitual; allí calidad y eficiencia van de la mano.

Así lo ratifica el cumplimiento por dos años consecutivos de los planes de producción, tanto en moneda nacional como en CUC con la prestación de servicios de acto y sonido a más de 100 entidades del territorio con las cuales sostienen relaciones contractuales, además de confeccionar y plasticar diplomas, credenciales; colocar señaléticas, carteles lumínicos, gigantografías en rótulo o en vinilo, vallas promocionales; impresión de modelos, confección de block de notas y agendas y venta de banderas cubanas y del 26 de Julio.

Pasará el tiempo y esos rostros y lugares adonde la Unidad de Propaganda llevó alegría y mensajes educativos, los recordarán como amigos por el orgullo de haber hecho nuestro el dolor de otros, concluyó Yosvany Montoya Gala, montador de audio que olvida su timidez después de tantas inolvidables vivencias.

Este colectivo, insustituible en el aseguramiento del trabajo político del Partido, lo integran mujeres y hombres de varias especialidades y servicios, como el veterano Francisco Leyva con 45 años de labor, Félix, Suyín, Roberto, Odalis, Magalis, Idania, Mariano, Pablo, Darienny…

Muchas anécdotas guardarán de la etapa frente a la pandemia, más cuando la mayoría, con niños pequeños, tuvieron que ingeniárselas para no abrazarlos al llegar a casa, no sin antes despojarse de los dañinos microrganismos. Pero si algo no pudieron quitarse de la piel fue la responsabilidad para cumplir siempre sus complejas tareas.

Isla de la Juventud
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