Cabalgar por su historia

Foto: Osvaldo Pupo Gutiérrez

Una nutrida delegación de militantes del Partido, la UJC e integrantes del Sindicato de Trabajadores Civiles de la Defensa del Ministerio del Interior evocaron al Comandante en Jefe en un recorrido inolvidable

Todo comenzó el pasado 10 de noviembre de 2018 cuando cuarenta y dos entusiastas oficiales y trabajadores civiles del Ministerio del Interior (Minint) suscitaron en la plaza de la Naviera Viamar un terremoto humano, de entrega a la Revolución.

En Birán, cuna de Fidel
Foto: Osvaldo Pupo Gutiérrez

Emprendieron la marcha por sitios de alto valor histórico y patrimonial, como la plaza Ernesto Che Guevara, la finca Birán, la Comandancia de la Plata, el Pico Turquino, el cuartel Moncada y el Cementerio Santa Ifigenia.

La comitiva rindió merecido homenaje a nuestro líder histórico en el ámbito del segundo aniversario de su partida física. El teniente Yoandris Purón Castelló, primer instructor de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en el Minint, expresó la satisfacción de visitar los escenarios de sucesos trascendentales de la Historia de Cuba, vinculados a la vida y obra de Fidel.

En la capital recibió al grupo pinero, el capitán Kenny Vicente de León, jefe del Departamento UJC en el Ministerio del Interior, quien comentó acerca del recorrido por las provincias de Villa Clara, Holguín, Granma y Santiago de Cuba en tan emotivas jornadas.

Majestuoso e impresionante se avizora Guevara desde su plaza, visitada el 11 de noviembre. Es suya porque fue construida con el sudor del pueblo que aun lo aclama y ve en él su fuente de resistencia y patriotismo. Desde este lugar el Che habla, vibra, le vemos inmortalizado en bronce y sus esencias descienden de lo más alto para colmarnos de su impronta.

El artista José Delarra Bencomo lo inmortalizó en esa estatua que, convida a sus compañeros a forjar al hombre nuevo y mira hacia el sur, en donde las montañas del Escambray atesoran sus hazañas y de donde son los más humildes de la Tierra, con los que echó su suerte.

El merecido tributo al líder la Revolución
Foto: Osvaldo Pupo Gutiérrez

Esta misma plaza fue testigo aquella noche del 17 de octubre de 1997, cuando inhumaron los restos del Guerrillero Heroico, del amor profesado hacia él por su hermano de lucha. En las cuartillas del memorable discurso que atesora el museo, el Comandante en Jefe con su puño y letra, dejó plasmado el compromiso de luchar por un mundo mejor, como el mejor tributo al más altruista de los latinoamericanos.

El complejo histórico lo integran, además de la plaza y el museo, el mausoleo de los combatientes del Frente de las Villas y el memorial que resguarda a Ernesto Guevara y a los caídos junto a él en Bolivia. En este último sitio los ilumina la llama eterna encendida por Fidel.

Birán fue la siguiente parada de la gira por emplazamientos de altísima valía para los cubanos. En este Monumento Nacional, donde nacieron los máximos líderes de la etapa revolucionaria, su director Lázaro Castro Aguilera, rememoró anécdotas de la familia Castro Ruz.

El también especialista señaló la realización de nuevas investigaciones acerca de este sitio y significó la alta responsabilidad que significa ser el albacea de un patrimonio intangible como son las memorias de la infancia del Caguairán. Asimismo, reseñó la presencia allí de delegaciones del país y foráneas que anhelan conocer el Conjunto Histórico de Birán.

Alrededor de una docena de instalaciones constituyen el batey, que fuera en su tiempo autosuficiente para las necesidades de la familia y el cual contó con 10 mil hectáreas, entre tierras propias y arrendadas, productora de caña de azúcar, madera, naranjas y otros frutos.

De la visita, el primer teniente Luis Miguel Pérez Cuenca comentó “el lugar es especial, desde el momento en que entras, se siente la presencia del Comandante, y fue magnífica la explicación del director, quien de primera mano atesora la historia familiar”.

Acercarse a Fidel fue la premisa, dibujado de carne y hueso, pero a la vez exaltado por sus valores humanos, por su actitud revolucionaria, por su capacidad de desprenderse de sus riquezas materiales para que pudiéramos tener dignidad.

La Sierra Maestra, sistema montañoso más importante de Cuba recibió a la delegación. Este lugar forjó la libertad definitiva y testimonia los combates donde con pericia se burló el fuerte armamento enemigo.

El grupo llegó entonces al primer Campamento de Pioneros fundado por Fidel, donde se durmió en medio del lomerío y se disfrutó de un ambiente sano y en contacto con la naturaleza.

La mañana siguiente significó el inicio de la escalada, divididos en dos grupos nos propusimos acceder al Pico Turquino y a la Comandancia de la Plata. Ascender la montaña era quimera, pero fue superada por el ímpetu de una generación también rebelde.

Más de cinco kilómetros escalamos para llegar hasta el Alto del Naranjo, lugar a donde se accede por la carretera con más pendiente del país. Mas, se impuso el compromiso de caminar los palmos que vivieron la epopeya liderada por Fidel.

Hasta la casa de Fidel en la Comandancia de la Plata arribó el grupo
Foto: Osvaldo Pupo Gutiérrez

La Comandancia de la Plata, en la cual radicó la dirección del Ejército Rebelde, es un sitio sin precedentes. Durante el trayecto, visitamos la casa de los Medina, fundadores del Septeto Sierra Maestra, y partícipes de la lucha por la independencia nacional.

Al decir de la teniente pinera Rosmery Rivera Cruzata, “la Plata fue clave en la ofensiva contra de la tiranía Batistiana y es ejemplo de la inteligencia del Comandante en Jefe y su capacidad estratégica”.

El otro grupo ascendió al Pico Turquino en dos jornadas. Al llegar a la cima los encontró un Martí sabio quien les advirtió que “escasos, como los montes, son los hombres que saben mirar desde ellos, y sienten con entrañas de nación, o de humanidad.”

La singular frase puede aquilatarse con la existencia física de un semidiós cubano que no le fue necesario el Sol para iluminar a otros, pues su luz propia devino lumbrera de los desposeídos de ayer y de los agradecidos que hoy le acompañan.

Al dorso del Apóstol quedó la presencia de los combatientes del territorio, cimentada allí en una Isla de chamota, recuerdo de nuestro paso.

El cuartel Moncada, protagonista de la acción que desencadenó la lucha contra la tiranía fue también recorrido. La fachada aún conserva los impactos de bala de los jóvenes de la generación del Centenario, que no dejaron morir al más universal de los cubanos.

El museo 26 de Julio muestra armas usadas en la Sierra
Foto: Osvaldo Pupo Gutiérrez

El museo 26 de Julio recoge toda la historia de la gesta así como algunas pertenencias de los caídos y otros moncadistas. Del mismo modo se reflejan los métodos de torturas utilizados por los esbirros y un mural corona el sitio con pinturas de relevantes artistas que evocan la fecha.

La presencia de Fidel es insoslayable, desde las imágenes de la época, en el Vivac de Santiago, de la sala de enfermeras donde pronunció su autodefensa así como una sala dedicada a fotografías con personalidades. El sueño fidelista se materializó con la creación aquí de cinco escuelas primarias y una secundaria.

El Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, no solo es losa de insignes patriotas, sino que es símbolo de la reverencia hacia los precursores de la nación. Se reúnen Céspedes, Mariana, Martí y Fidel, como si estuvieran alzándose en nuevas batallas y vislumbrando el porvenir de la Cuba que nos legaron.

Hasta el monolito donde descansa Fidel, llegó la rosa sincera de un grupo de hombres y mujeres que ansían acariciar su barba, tocar sus manos, usar su uniforme verde olivo. Las lágrimas salieron sí, pero el compromiso con él enraizó con los laureles y encinas del rombo bicolor de Comandante en Jefe que llevó en hombros.

Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz, pero esta roca mausoleo no podrá encerrar nunca la esencia mágica de un padre redentor, de un estadista inequívoco, de un hacedor de utopías, de quien con su ejemplo conmueve la posteridad.

Fidel
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