Blas Roca, el comunista

blasroca-fidelEl 26 de abril de 1987, el Comandante en Jefe Fidel Castro, en la despedida de duelo de Blas Roca Calderío, había expresado: “Ha dejado de existir un hombre excepcional, de singulares virtudes y extraordinario talento. Un revolucionario ejemplar que dedicó por entero su vida a la causa de los humildes”.

 

blasEl 26 de abril de 1987, el Comandante en Jefe Fidel Castro, en la despedida de duelo de Blas Roca Calderío, había expresado: “Ha dejado de existir un hombre excepcional, de singulares virtudes y extraordinario talento. Un revolucionario ejemplar que dedicó por entero su vida a la causa de los humildes”.

Resumía así las virtudes esenciales de un político de enorme capacidad y prestigio, que ejerció también el magisterio y la conducción de comunistas por más de medio siglo en nuestro país.

Francisco Wilfredo Calderío (Blas Roca) nace en Manzanillo, actual provincia de Granma, el 24 de julio de 1908, en el seno de una familia humilde, donde se respira un ambiente patriótico y revolucionario. Con una educación casi autodidacta, pues solo pudo cursar hasta el cuarto grado de la enseñanza Primaria, leyó y se puso en contacto con innumerables textos de contenido social progresista.

Blas Roca llegó a ser una de las figuras más relevantes del movimiento obrero y comunista cubano y latinoamericano, dedicando toda su vida a la causa de los humildes.

En 1929 ocupa la secretaria general del Partido Comunista y de la Federación Obrera en Manzanillo; dos años más tarde, elegido miembro del Comité Central del Partido Comunista y en 1933 es incorporado al Buró Político del Partido, del cual meses después es elegido secretario general.

La originalidad en su pensamiento, el actuar según las necesidades del momento histórico, el esquivar los dogmas, su modestia, sencillez y fervor revolucionario, le ganaron el respeto y la admiración del pueblo. Su claridad teórica le permitió ver la unidad entre la lucha nacional y la lucha de clases, y adoptar una postura de rechazo ante actitudes de sectarismo de izquierda.

Todas estas características lo convierten en miembro de la dirección de la Revolución Cubana hasta su muerte, el 27 de abril de 1987, perdiendo así el pueblo y la Revolución a uno de sus hijos más leales y combativos.

 

 

 

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