Bisiesto inédito y sin oráculos

“Atravesamos un año cargado de retos, tensiones y agresiones. Juntos los enfrentamos y juntos vamos ganando”, afirmó el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bemúdez, en su felicitación por estos días a quienes aún celebran la llegada del 2020, con el que se va la segunda década del siglo XXI y desbaratan las siniestras predicciones del vecino imperial, mientras el planeta emprende otra órbita alrededor del Sol en el recorrido más extenso cada cuatro años.

Serán 366 días en vez de 365 por su condición de bisiesto, que a los cubanos nos parecerá también más largo por la intensidad de las tareas a realizar, la magnitud de los retos y el optimismo que exigen los grandes sueños a realizar, aunque más seguro y cierto por la confianza, unidad y diligencia que demandan meses y días que viviremos como si otra vez triunfara la Revolución.

El calendario será amplio igualmente en lo legislativo con numerosos instrumentos jurídicos entre leyes y decretos leyes, que darán cuerpo legal a los mandatos de la nueva Constitución o ahondarán la transformación institucional del país y que al tiempo que afianza las mejores experiencias, cambia todo lo que debe modificarse, perfeccione la labor gubernativa y da asidero al futuro de la nación, con la vista larga en lo estratégico, sin dejar de atender lo cotidiano.

Así iniciamos el “Año 62 de la Revolución”, con el acento puesto en pensar como país y pensar distinto, de crear por y para Cuba, en un esfuerzo que no solo consolide la resistencia a la agresión enemiga, logro conquistado desde los primeros años, sino que, en medio de ese acoso, labore por alcanzar la mayor prosperidad posible.

La brújula tiene su norte en las cuatro prioridades enumeradas por Díaz-Canel: la batalla ideológica –frente a la actual plataforma colonizadora que nos quieren imponer y los intentos del Gobierno estadounidense para desacreditar a la Revolución–; la defensa del país; el intenso ejercicio legislativo iniciado para apoyar la Constitución de la República; y la batalla económica.

Esta última deberá implementar los mecanismos que contribuyan a desatar las fuerzas productivas, sin dejarnos arrastrar por la trillada y turbia privatización, pero potenciando la empresa estatal para encauzar el redimensionamiento empresarial urgido enel país.

Ello implicará, no obstante, seguir trabajando para darle espacio a todas las formas de gestión y propiedad refrendadas en la conceptualización del modelo económico y social cubano y también en la Carta Magna, para que aporten con la armonía imprescindible.

La Isla tiene el reto se sumar nuevos rubros a los que hoy se exportan, incrementar el empleo incluyendo el no estatal, aportar más energía mediante las fuentes renovables y llevar adelante dos procesos inéditos.

Esos son la unificación monetaria, pero no como simple canje, sino algo mucho más complejo y que prevé minimizará los efectos en la población, y una reforma salarialintegral que abarca la reforma en la política de precios, la unificación monetaria y cambiaria, así como la eliminación de subsidios.

En esta otra órbita iniciada alrededor del Astro Rey en este 2020 los cubanos seguimos celebrando, sin darles crédito a los hechiceros, porque más allá de los augurios derrotistas que generan las adversidades y asedios, sabemos el Sol moral que nos ilumina y despeja el camino en la misma medida en que quememos entre todos y en cada lugar las trabas que se interpongan.

Isla de la Juventud Opinión
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

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