Asesoramiento técnico del agricultor, clave pendiente

Desierto del Sahara. Foto: Internet

El desierto del Sahara cubre lo que antes fuera un vergel, según los más recientes descubrimientos arqueológicos. Allí hubo una tierra feracísima donde lograban grandes cosechas con mínimos esfuerzos pero, por desconocimiento, no supieron cuidar esa riqueza natural y gradualmente la fueron perdiendo hasta ser, a nuestros ojos, un caluroso mundo desolado.

No debe ocurrirles lo mismo a los agricultores de ahora, menos en nuestro país, donde existe una proporción de ingeniero agrícola-técnico medio-agricultor como no es frecuente en otras partes del mundo.

Hoy, al recorrer las áreas agrícolas pineras, encontramos una cantidad significativa en barbecho. Y no está mal, a la tierra hay que dejarla descansar, nutrirse y cobrar fertilidad; solo así no se agota.

Sin embargo, no deja de asombrar que siendo esta la tierra del pino macho, todavía la inmensa mayoría de nuestros agricultores esté eliminando las malas hierbas al modo tradicional y no use, por inexperiencia, el herbicida natural que se prepara a partir de un árbol tan abundante aquí, tan pinero.

De frente a la próxima campaña de primavera, está dicho, no vamos a tener más petróleo, fertilizantes ni pesticidas, pero hay que sembrar más para tener más porque lo alcanzado hasta ahora es insuficiente.

Visto desde el punto de vista ecológico, resulta hasta ventajoso: estaremos produciendo alimentos más sanos, sin el aporte nocivo de los químicos y nuestra alimentación será más saludable.

Desde la mirada de quien va al campo para extraerle su jugo, hay además otras consideraciones: a diferencia de quien tiene un salario fijo, ahora incrementado, y lo cobra puntualmente cada mes, el suyo depende –a pesar de las limitantes– de cuán exitosa o no sea su cosecha.

Igual situación, vista a vuelo de pájaro, nos dice que, además de las grandes extensiones de cultivo a cargo de una agricultura estatal, están los cientos de hectáreas entregadas en usufructo a parceleros; de ellos, la mayoría agrícolas. Y estos la recibieron, previo análisis del suelo que les certificó para qué cultivos es apto su terreno.

En conjunto, se trata de buscar una mayor producción y esta es posible, mas no se trata de sembrar superior cantidad en cualquier lugar sino hacerlo allí donde la tierra es mejor, donde con un enriquecimiento mínimo, aportado por abonos orgánicos y una neutralización de la acidez, se puedan lograr mayores resultados en menos tiempo.

No debemos tomar la campaña de primavera como determinante, aunque esté llamada a marcar el salto. Las que sigan deben, como en una carrera de maratón, mantener el paso sin agotarse y reservando un extra para ganar siempre y a largo plazo.

En tal sentido, no podemos descuidar el asesoramiento técnico del atleta, del pequeño agricultor, a pie de surco. Resulta imprescindible visitarle y ver qué va a sembrar de acuerdo a la calidad certificada para su tierra, cuándo lo hará y de qué forma para preservar la capa fértil, enriquecer al suelo y no agotarlo.

Isla de la Juventud Opinión

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