Aquel caserío entre laureles

Foto: Archivo

Este 31 de julio se cumplen 160 años del reconocimiento oficial de Santa Fe por Colonia Reina Amalia España. El hecho, que hace apenas unos meses trascendió públicamente los archivos en estas páginas por primera vez, permite corregir imprecisiones y afincar en datos confirmados a verdad histórica en dicho sentido.

Precisamente ese día de 1860, a tres décadas de la colonia Reina Amalia, se registra Santa Fe en los documentos del reino español y da personalidad legal al asentamiento balneario de lo que después se conociera como Villa de las Aguas Termales.

Con tantos días en restricción de movimientos y otra novela histórica, pinera, ya esbozada, ¿qué podría hacer si no revisar la abundante documentación acopiada y sentarme a escribir? Comencé bien atrás, cuando en el Archivo Nacional de Cuba y en los fondos del Gobierno Superior Civil examinaba el Legajo 1595 Número 81 617: Sociedad de Fomento Pinero. Arqueos, balances, juntas directivas, entre otros.

Y su protagonista, el doctor José de la Luz Hernández, llegó a materializarse hasta tenerlo en frente, como un apuntador de teatro que me indicara el texto; un cincuentón regordete, de grueso mostacho y antiparras redondas montadas al aire, vivo, pensante…

Quise saber entonces cuándo inició las gestiones para formar, no una extensión del pueblucho Santa Fe que ya existía desde 1853, sino un caserío especial para enfermos. “Fue el ocho de agosto de 1857 –respondió– y el día 26 nos conceden el permiso para lanzar la convocatoria y formar esta sociedad anónima”.

Fue el ingeniero civil don Francisco Javier Cisneros quien diseñó la Ciudad Balneario, la cual se llamaría luego Pueblo Nuevo de Santa Fe. “Después de muchas dilaciones –agrega– recibimos la mayor alegría. En febrero 27 de 1860 el Negociado de Estadísticas facultaba al Comandante Militar de Isla de Pinos para que nos permitiera la construcción con arreglo al plano presentado”.

¿Cómo lo harían?: “Buscamos una planta de hojas perennes, distinta a todas las que crecían en la zona: el laurel. Hechas las trochas, marcamos con sus estacas cada manzana, cada calle…”. Son los mismos grandes laureles distintivos del lugar, algunos de los cuales sobreviven todavía.

Cinco meses después, el 31 de julio de 1860, la reina Isabel II aprueba los Estatutos y Reglamento que dan reconocimiento oficial a la Sociedad de Fomento Pinero; en otras palabras, registra a Santa Fe, de cuyo andar trataremos en venideras ediciones

Historia Isla de la Juventud

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