Apresados y muertos en circunstancias desconocidas

¿Cuántas vidas costó el levantamiento armado del 26 de julio de 1896 en Isla de Pinos? ¿Quiénes merecen el honor de que se conozcan sus nombres y se perpetúe su recuerdo? ¿Lo sabemos?
Familia de tabaqueros, deportados políticos siempre dispuestos a empuñar otra vez las armas.

Si se pregunta a la mayoría de los que residimos ahora en el territorio pinero, quiénes fueron los caídos cuando se produjo acá el levantamiento armado del 26 de julio de 1896, la respuesta, casi sin excepción, recogerá un solo nombre: Bruno Hernández Blanco, Ninones.

La afirmación tan generalizada no es casual. Un obelisco en mármol gris, levantado en 1946 a la entrada del cementerio de Nueva Gerona, guarda los restos del insigne patriota.

Sin más investigar, apenas con los datos sobre su lugar de nacimiento y residencia en una finca rústica inmediata a Santa Fe, un grupo de personas bien intencionadas abrió una colecta pública para erigir el modesto monumento “al primer pinero caído por la independencia”. Pero, apuntamos nosotros, no el único.

Mariano Rives Pantoja, quien alcanzó a entrevistarse con varios participantes en aquel alzamiento o sus descendientes directos, retomó la labor iniciada por Filiberto Ramírez Corría, encaminada a reivindicar la memoria de los otros caídos en aquel momento. Esos, cuyos nombres –por un deficiente conocimiento de la propia historia local– todavía la tierra pinera no agradece de forma notoria en monumento alguno. Fueran o no pineros de nacimiento.

Valeriano Weyler, en comunicación oficial al gobierno de Madrid remitida el 29 de julio de 1896, informa que se realizaron “tres muertos” a los atacantes. El sanguinario Capitán General pudo tener en cuenta, además del pinero, al deportado Emilio Vargas, Varguita, a quien fusilaran en el propio cementerio geronense.

El viejo espadón quizá se refirió también a otro proscripto: el poeta Juan Iturriaga, apresado en un mangal de San Pedro y muerto por la Guardia Civil. Quedó a medio enterrar en el sitio conocido entonces como La Tierra Hundía, entre el río Mal País y Los Almácigos.

Otros tres deportados, muertos más tarde, ya no pudieron entrar en la primera relación oficial de Weyler. De ellos conocemos solo que eran de apellido Pimienta –el menor con apenas catorce años–. Se ocultaban en una cueva del hato La Concepción, donde fueron denunciados por su arrendatario: Felipe Blanco y Hernández.

Sus cuerpos macheteados por la soldadesca apresurada aparecieron luego en las inmediaciones del arroyo Los Muertos.

La letra del probablemente más conocido sucu suco pinero, adulterada por Eliseo Grenet (1), recoge el incidente con tono banal, resaltando la vulgar delación como una victoria ejemplar del bando contrario.

Según las informaciones obtenidas de primera mano por el acucioso investigador local Mariano Rives Pantoja, “… numerosos conspiradores más, deportados en lo fundamental, resultaron apresados y muertos en circunstancias desconocidas”.

Con respecto a la participación pinera en exclusiva, hasta donde alcanza el saber actual, 21 hombres fueron apresados y remitidos a la Fortaleza de La Cabaña. Uno murió allí en condiciones todavía no esclarecidas: el joven Manuel Narciso Hernández Llorca.

A consecuencia directa de la tuberculosis, contagiado en aquella mazmorra, murió Hilario Soto Pantoja, a los dos meses de abandonar su celda de recluso.

Si excluimos la participación un tanto pintoresca de la única mujer, Evangelina Cossío –quien, por cierto, en entrevista postrera aún no publicada minimizó su papel al de simple observadora del suceso–, fue este un intento desesperado, pero donde pineros y deportados se arrojaron a la batalla con igual valor, dispuestos al sacrificio más alto.

¿Cuántas vidas costó en realidad el levantamiento armado del 26 de julio de 1896 en Isla de Pinos? ¿Quiénes merecen el honor de que se conozcan sus nombres y se perpetúe su recuerdo? ¿Se conocen? No, por ello constituyen interrogantes impostergables a investigar e inmortalizar. Son aglutinante básico, ancestral, de nuestra más entrañable pineridad.

(1)  “Felipe Blanco” también conocido como “Ya los majases no tienen cuevas”. Grenet no alcanzó a conocer el éxito rotundo de este sucu suco. Falleció, según se ha publicado, a consecuencia de la hemiplejia que le sobrevino al ser cuestionada su letra por la Comisión de Ética Radial.

26 de Julio 2020 Historia Huellas Isla de la Juventud

2 Replies to “Apresados y muertos en circunstancias desconocidas

  1. Me gusta en grado sumo la historia de Cuba. Es una pena que de la Isla no se escriba casi nada y más pena aún que en los actuales libros de historias destinados al sistema nacional de educación se abrevie tanto o se eliminen hechos, detalles, etc por cuestiones por políticas u otras.
    Este artículo hace ver que los pineros de antaño (algunos) estaban en contra de la dominación española y la emprendieron contra “molinos” sin pensar (creo yo) que la victoria sería casi imposible.
    Juan Colina ya no está entre nosotros lamentablemente, pero sería muy bueno que se escribiera más sobre nuestra Isla.

    1. Hola, José, en la Isla hay un movimiento por rescatar la identidad pinera y en los medios existen espacios donde se aviva la hostoria local. Muchos nos han comentado que nuestro medio sirve de referente o consulta en el sector educacional, porecisamente por las publicaciones acerca acontecimimientos históricos pineros. De todas maneras consideramos que sí se puede hacer mucho más al respecto, sobre todo para el conocimiento de las nuevas generaciones. Saludos

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