Anécdota curiosa del instinto maternal

Yo, al igual que mi esposa, vivimos orgullosos de tener tres hijas que las consideramos tres onzas de oro, igual han de decir otros matrimonios. Pero hay quien no habla y se expresa de otra manera.

El viernes cuatro de mayo iba yo por calle 53 entre 30 y 32, en Nueva Gerona, en mi bicicleta, y a unos 10 metros delante de mi una gallinita negra trataba de cruzar esa vía con sus 10 críos; ella iba delante y al percatarse de mi presencia detuvo su paso y hasta que no pasó el último pollito no se movió del centro de la calle.

Su acción me conmovió y creo que merece la pena decirlo y meditar en ese maternal instinto que en los humanos se convierte en uno de los más hermosos sentimientos, por eso dedican un día del año, como este segundo domingo de mayo, de merecido homenaje a quienes la naturaleza les regaló el derecho de no solo ser madres, sino también de cultivar esa imprescindible virtud.

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