Ana: defensora de los derechos femeninos

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Ella hace honor a su nombre: Ana, derivado del hebreo, de la palabra Jana, que significa llena de gracia y entraña virtudes como la inteligencia, el coraje y la sinceridad.

Pertenece a una familia acaudalada y la educan acorde a esa condición, pero su vida cambia al casarse con el hacendado Ignacio Mora de la Pera y ambos hacen suya la causa independentista.

Tras la clarinada libertaria del Diez de Octubre de 1868 de Carlos Manuel de Céspedes, los camagüeyanos secundan el movimiento y Mora es uno de los hombres que se levantan en armas.

Su esposa sigue en la ciudad vinculada a la insurrección: recoge y trasmite mensajes, almacena armas y escribe proclamas. Ante el asedio enemigo marcha al campo rebelde.

Ana Betancourt proclama la igualdad de la mujer al calor de la Primera Asamblea Constituyente de la República en Armas en Guáimaro, donde se firma la primera carta magna (mambisa) el diez de abril de 1869, para dotar de un fundamento jurídico al país, aprobar la enseña nacional y elegir a Céspedes, primer presidente.

La patriota en uno de los mítines dice en su arenga: “Ciudadanos: la mujer, en el rincón oscuro y tranquilo del hogar, esperaba paciente y resignada esta hora hermosa en que una revolución nueva rompe su yugo y le desata las alas”.

En julio de 1871 una tropa enemiga la sorprende junto a su esposo y consigue que él huya, aunque cae prisionera en manos de los colonialistas, quienes le solicitan que escriba a Ignacio pidiéndole la rendición. La respuesta fue tajante: “Prefiero ser la viuda de un hombre de honor a ser la esposa de uno sin dignidad y mancillado.”
La mantienen tres meses bajo una ceiba, a la intemperie, en la sabana de Jobabo, como carnada para atraer al coronel Mora.  Escapa de sus captores, llega a La Habana y vive en México, Nueva York y Jamaica, donde en 1875 conoce del fusilamiento de su marido. El siete de febrero de 1901 fallece en Madrid, España. Sus restos se trasladan a La Habana y luego a Guáimaro.

Esta mujer es precursora de la lucha por los derechos femeninos y sirve de referente a las Escuelas Ana Betancourt, abiertas por la Federación de Mujeres Cubanas al comienzo de la Revolución, a las cuales se incorporaron 14 000 jóvenes campesinas para enseñarles el oficio de corte y costura y garantizarles su futuro

Historia Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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