Amores piratas en la Isla de Pinos

Las historias vinculadas a la piratería en el Mar Caribe despierta el interés humano, sobre todo cuando estos relatos van más allá de tesoros escondidos y vandalismo, y ocultan en sus páginas ardientes dramas de amor.

Las historias vinculadas a la piratería en el Mar Caribe despierta el interés humano, sobre todo cuando estos relatos van más allá de tesoros escondidos y vandalismo, y ocultan en sus páginas ardientes dramas de amor.

Isla de Pinos fue refugio de esos despiadados hombres de mar. Por el territorio insular al sur de Cuba, desfilaron corsarios como el mulato habanero Diego Grillo y su protector británico Francis Drake, quien fue el segundo en circunnavegar el mundo, además de causar grandes estragos a la Armada Invencible española.

Desde el siglo XVI hasta el XVIII la actual Isla de la Juventud fue también base de operaciones para piratas como el inglés William Dampier, redescubridor de esa ínsula, quien además aportó una de las primeras descripciones geográficas del territorio.

Henry Morgan –otro de los grandes y famosos piratas— utilizó la Isla como escenario de sus correrías, donde reunió a unos 700 hombres en 12 naves para forzar su entrada al puerto de La Habana, idea de la que desistió al comprender sus riesgos.

Pero en la entramada historia sobresale la de John Raciman, alias Calico Jack, uno de los piratas más relevantes del siglo XVIII pos sus hazañas en alta mar, elegancia en el vestir, afición al ron y fama de mujeriego.

Estos atributos lo enredaron en un triángulo amoroso con Anne Bonny y Mary Read, dos integrantes de su tripulación, con quienes pasaba largas temporadas en parte del archipiélago cubano.

Fue en la primavera de 1719 cuando Calico Jack se enamoró de Anne, esposa del marinero James Bonny, a quien ella abandonó para comenzar una vida de aventuras bajo un disfraz masculino que le permitió forjarse una reputación como pirata.

La naturaleza flirteadora de Anne la llevó a relaciones con otros miembros de la tripulación como Mark Read, quien para su sorpresa, era también mujer.

Mark Read (Mary Read) también se convirtió en amante de Calico Jack. Ella y Anne asumieron el verdadero mando del barco ya aceptadas como féminas, puesto que no pudieron ocultarlo más.

El final del triángulo amoroso llegó cuando sus protagonistas fueron capturados ebrios por los británicos, a pesar de la resistencia que opusieron las dos mujeres piratas.

En noviembre de 1720, Calico y 11 de sus hombres fueron sentenciados a muerte en Jamaica. Anne y Mary fueron juzgadas más tarde.

Calico, a pesar de declarar su arrepentimiento por haber ejercido la piratería, no obtuvo el perdón real y al hablar por última vez con su querida Anne, ella le confesó que sentía mucho verlo allí, pero que si hubiera luchado como un hombre, ahora no le tendrían que colgar como a un perro.

Hoy, cuando las cálidas aguas del Caribe, intempestivas o serenas, susurran las historias de los vándalos del mar, dejan un momento de referencia para las venturas y desventuras del temible trío amoroso Calico, Anne y Mary.

Especial de la Agencia de Información Nacional

 

 

 

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