Alegría con rostro de niño

ninos-05Así anda la alegría en Cuba, con rostro de niño, porque solo ellos saben querer, porque solo ellos tienen la magia de vestir los días de colores, de hacernos sonreír cuando llevamos el cansancio o la tristeza a cuestas, de curarnos con su ingenuidad o de esconderle un color al arco iris sin que este se ponga bravo.

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Así anda la alegría en Cuba, con rostro de niño, porque solo ellos saben querer, porque solo ellos tienen la magia de vestir los días de colores, de hacernos sonreír cuando llevamos el cansancio o la tristeza a cuestas, de curarnos con su ingenuidad o de esconderle un color al arco iris sin que este se ponga bravo.
En Cuba la infancia constituye una prioridad, el Estado le dedica los mayores desvelos. En las calles, hogares, centros educacionales, hospitales, playas, áreas deportivas, teatros, parque son reflejo de ello; acá los pequeños viven un mundo donde la belleza y la ternura están a flor de piel.
Créanme, no es apasionamiento, pero en el país ellos tienen el privilegio de tejer fantasías y volar de manera libre por cada rincón de esta isla, donde no tendrán los juguetes más caros pero sí aquellos que los hacen soñar, despertar la imaginación y prepararlos como mujeres y hombres nobles y de bien.
Me gustaría comprender por qué algunos insisten en obviar que participan de manera libre en la vida cultural de la nación, reciben antes y después del nacimiento todos los cuidados, están protegidos de más de diez enfermedades peligrosas, por las cuales en otras regiones del mundo mueren cientos de pequeños y  al crecer pueden expresar sus opiniones en asambleas pioneriles y en congresos.
Cuando informes de la UNICEF confirman que: “En todo el mundo existen alrededor de 158 millones de niños y niñas de entre cinco y 14 años que trabajan, lo que equivale a uno de cada seis niños y niñas… Y agrega que en África subsahariana, aproximadamente uno de cada tres niños y niñas trabajan, cifra que representa más de 69 millones de menores de edad”, el gobierno cubano no escatima esfuerzos para asegurar una niñez feliz.
La realidad de nuestros niños y niñas nunca la podrán silenciar porque la alegría anda con sus rostros. Esas personitas despiertan cada día con la satisfacción de abrazar su inocencia.

 

 

 

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